Capítulo 2.
Noah.
Otro semestre más despertando temprano. Di las gracias a mis lentes por cubrir mis ojeras. Ivy, mi hermana menor, se ofreció a traerme a mí junto con mis maletas. Es nueve meses menor que yo, obviamente mis padres no perdieron el tiempo.
Ivy se estacionó frente a la NYU. No había casi estudiantes. Supongo que era por la hora. 6:17 a.m
-Te dije que no iba a haber nadie, ridícula -escupí hacia a mi hermana-. Ni siquiera han abierto la universidad.
-¿Mejor temprano que nunca? -Murmuró sonriendo
-Eres una animal.
Ella bufó y golpeó mi hombro
-No me llames así -giró la llave del auto y el motor dejó de sonar. -¿Nervioso?
-¿De ver las mismas caras de una sarta de ignorantes? Seguro. No hay nada más escalofriante que el no saber.
Ella rió cortamente y me miró fija por unos segundos.
-¿Vas a unirte, por fin, a la asociación estudiantil? -Preguntó.
Los vellitos de mi nuca se erizaron. El viejo Petterson no dejaba de llamar constantemente a casa para que considerara la idea de infiltrarme en la Asociación-de-locos-sin-vida-social, con el objetivo de poner fin a la causa de una tal Kyle de construir otro edificio que funcionaría como el dormitorio para las féminas; porque, citando al profesor Petterson 'al parecer es malo que estén juntos chicos y chicas porque follan como conejos y, según la odiosa Kyle, eso afecta el rendimiento estudiantil'.
Había rechazado al tipo unas diez veces, pero todo se puso más tenso cuando amenazó con sacarme de la universidad debido a un bochornoso antecedente. No iba a perder tres semestres y ni hablar de pedir equivalencia en otra universidad. Odiaba los cambios casi tanto como a la gente terca.
Al final, no me quedó de otra que confirmar mi unión a la asociación. Aguantar gente gritando por causas ridículas no me parecía tan malo entonces. Sólo debía manipular a la Odiosa-Kyle y hacer que abandonara. Fácil.
-Hey, Noah -murmuró Ivy-, ¿planeas responderme mañana temprano?
No me había percatado de que me había sumido en mis pensamientos.
-Ya sabes la respuesta. Mamá y papá no deben saber de la amenaza. Mamá es muy tosca cuando algo la molesta y papá no dudaría en venir a apuñalear al rector.
Ivy soltó una risa y señaló la puerta principal. El portero había abierto y algunos estudiantes ingresaban con cajas y maletas.
-Ya. Bájate de mi auto.
**
Estaba acomodando mis videojuegos en el estante cuando escuché la puerta abrirse. Era Andrew, mi compañero de habitación y mejor amigo desde hace tres semestres. Nos caímos bien desde el primer instante. El primer día de clases había llegado con una caja de pizza que decía 'Hola, amiguito'. Devoramos la pizza en media hora y al final ya éramos amigos.
Una historia mejor que Crepúsculo.
-¡Hola, amorcito! -Exclamó revolviendo mi cabello-. Me extrañaste, ¿cierto?
-Ni recordaba tu nombre, la verdad -le lancé una de mis almohada-. ¿Qué tal tus vacaciones?
Andrew empezó a sacar libros de medicina junto con un montón de hojas con apuntes.
-Bueno, ya sabes, viajes a casa de la abuela, viajes a la playa, viajes a Disney World. Lo normal.
Lo miré pensativo.
-Te pasaste las vacaciones leyendo tus estupideces de doctor -deduje, mirándolo desaprobatoriamente.
Él dejó de ordenar sus libros y me miró fulminante.
-Ojalá enfermes y caigas en mis manos.
Estaba a punto de lanzar un insulto ingenioso en cuanto tocaron la puerta. Fui abrirla de mala gana, como casi todo lo que hago.
-Grimes -era Petterson-, permítame un minuto con usted.
Puse los ojos en blanco.
-¿Qué quiere?
-Usted sabe. Lo espero en mi oficina.
Suspiré pesadamente. Andrew me miró riendo y alzando las cejas.
-Ve y dale lo que quiere, tigre.
-Eres un enfermo -reí y me dirigí a mi destino.
**
La oficina de Petterson era amplia, de color beige y con poca decoración. En el escritorio había unas cuantas fotografías de niños y gente vieja. Suponía que era su familia.
-Bueno, querido Grimes, ya los trámites están listos para que vayas a luchar por mi causa.
-¿Cómo se llama? ¿La causa de los bolsillos llenos?
Puso los ojos en blanco.
-No seas imbécil, de todas formas sales ganando.
-A duras penas -dije por lo bajo-. ¿Cómo empiezo?
Petterson se inclinó en su escritorio.
-Te hablaré del blanco. Kyle Jackson, 21 años, excelente promedio, la voz principal de la asociación. Tiene buen carisma y sabe cómo lavar mentes.
-Ajá.
-Tienes que destruirla. Repudio su idea de otro edificio para dividir hombres y mujeres. He escuchado lo bueno que eres con las chicas, en especial con las profesoras que se niegan a darte puntos por intervenciones en clases.
Me removí incómodo en el asiento y subí mis gafas.
-¿P-Profesoras? -Cuestioné, titubeando.
Petterson se acercó aún más al escritorio.
-Yo lo sé todo, cuatro ojos. ¿Sexo por puntos? Tu promedio es de 9,5. Eres un avaro.
-En fin -dije, queriendo cambiar de tema-, desvío a esta Jackson de la idea de otro edificio y soy libre.
-Básicamente, sí -asintió, dando giros en su silla-. Ya me encargué de todo. La reunión más próxima de la asociación es a las 4 p.m. Asegúrate de planear una idea que sea elocuente y destruya la de Jackson.
Arrugué el entrecejo.
-¿En base a qué?
-No sé, ¿sexo? Algo se te ocurrirá.
Me levanté del asiento y caminé hasta la puerta.
-Antes de regresar a tu habitación, pasa por la 31 y avísale a la peliteñida de Jackson y dile que la quiero ya en mi oficina. Ve conociendo a nuestro objetivo.
Le dirigí una mirada de odio y tiré la puerta detrás de mí.
**
Luego de que terminara la clase, había quedado con la profesora Muller. Después de tragarme mis infinitos cargos de conciencia, decidí empezar a follármela. Sentí la mirada de alguien y giré mis ojos hacia la puerta.
Era la peliteñida.
Pensé en esos no tan gruesos, pero perfectos labios. Perfectos para un oral. Articulé unas palabras con mi boca hacia ella. Con lo sagaz que era, pensé que aceptaría la invitación, pero en cambio, salió huyendo.
Luego de unos largos nueve minutos, el celular de la profesora sonó interrumpiendo todo.
-Es mi esposo, está en la entrada esperando por mí.
Diablos jajaja. ¿Estaba casada?
-Tienes créditos extras. Nos vemos el miércoles. No olvides el ensayo.
Se visitó rápidamente y se marchó, dejándome con una inservible erección.
Dios, cómo detesto que esto pase.
Subí mis pantalones, busqué a tientas mis anteojos y me dirigí a mi habitación.
Iba subiendo las escaleras cuando me tropecé con un cuerpo y mis anteojos cayeron al piso.
-¡No te muevas! -Exclamé-. Fue el único par que traje.
Escuché una socarrona risa y sentí cómo tomaban mi mano y ponían mis lentes en ella.
-Deberías probar los lentes de contacto -era una chica, aunque se veía como una mancha amarilla que hablaba.
Me puse los anteojos y mi vista se aclaró.
Era la misma chica que se había asomado en el salón.
Es decir, la peliteñida.
Sonreí con picardía.
-Viniste a buscarme, ¿cierto?
Ella bufó.
-Vi a Muller salir hace un minuto, acabas muy rápido. No eres mi tipo.
Sonreí ante su comentario.
-Supongo que eres de esas que no se cansan nunca -reí cortamente-, ¿Cómo les llaman? Ah, sí. Ninfómanas.
Ella soltó una carcajada.
-Si eres de esas, entonces eres mi tipo -continué.
Ella se relamió los labios. Sus mejillas tomaron un tono rosa.
-Qué línea tan barata -espetó
Acomodé mis lentes y la miré de abajo hacia arriba. Deteniéndome en sus labios.
-Muy barata, pero debido a tu sonrojo, la has comprado.
Me miró fijamente con una sonrisa de lado.
-Eres un completo imbécil -dijo y continuó bajando las escaleras.
-Espera a conocerme -grité tras de ella-, tal vez sea un poco imbécil solamente.
Reí para mis adentros.
Debía follarme a esa chica.