Estoy disfrutando de un momento tranquilo jugando con Diego, el pequeño de dos años. Con paciencia, le estoy enseñando a decir más palabras, ya que hasta ahora solo pronuncia mi nombre. Cada vez que hago caras raras para animarlo, no puede contener la risa, llenando el ambiente con su risa contagiosa. Decidí salir al jardín para tomar aire fresco, y con Diego a mi lado, nos detuvimos maravillados al contemplar las bellas rosas que adornaban el lugar. Sus pétalos coloridos se balanceaban suavemente con la brisa, creando un ambiente lleno de serenidad y belleza. Es un lugar completamente mágico. Hoy, con nostalgia y aprecio, elegí ponerme el collar en forma de cisne que mi padre me regaló hace años. Cada detalle delicado del colgante evoca recuerdos dolorosos. A medida que siento el suave

