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2258 Palabras
La puerta se abrió y entró Alain. Él miró a su hermana, consciente de lo que estaba pasando, se le acercó, entonces le dio un beso en su frente. — No hagas esto, ni siquiera se te ocurra no asistir a ese baile — él la miró con súplica —. Eres el único chance que tengo de evitar que las mujeres me dejen en completa tranquilidad, pienso bailar contigo toda la noche y así las evito. — Qué bonita forma tienes de utilizarme, no pienso ser el palito en la rueda para esas nobles que quieren encuerarte — ella rio —. Bien puedes negarte a asistir al baile y pasar el rato conmigo, estaré encerrada en mi habitación y eso es todo. — ¿Y privar a la nobleza de mi hermosa presencia? — Él se llevó la mano a su pecho de forma dramática —. No, eso no tiene perdón de Dios, y déjame decirte, hermanita, yo sí quiero ir al cielo. — Eres un narcisista de lo peor — ella lo empujó mientras reía —. No voy a asistir, deja de ser tan obstinado. — Vamos, Liah — él tomó las manos de su hermana —. Siempre he querido tenerte a mi lado en las fiestas de Navidad, no te quedes encerrada como lo hacías en el pasado y trata de divertirte conmigo aunque sea un momento, ya luego puedes regresar a tu vida de ermitaña. — Muy bien — ella abrazó a su hermano —, solo porque tú me lo pides. Alain, de no ser así, definitivamente, no pondría un pie fuera de esta habitación. Las estilistas llegaron para arreglar a Liah y el proceso comenzó; antes de comenzar con lo que tenían planeado hacer, la depilaron, haciendo que la princesa diera unos gritos infernales que resonaron por todo el pasillo. — No veo cuál es la necesidad de depilarme las piernas, probablemente usaré un vestido de esos largos y pomposos que me tapan hasta los pies. — Es el código de vestimenta, tiene que estar impecable de pies a cabeza porque es la princesa de este reino — la estilista puso una tira en el muslo interno de Liah — respiré profundo que esta zona duele bastante. Un solo tirón arrancó los pocos vellos que tenía en esa zona, ella se enfadó tanto que mordió la sábana y, por un reflejo, terminó golpeando en la nariz a la estilista. — ¡Lo siento! — ella miró cómo la mujer sangraba — nana, por favor, llama al doctor y dile que hay una posible nariz fracturada. Liah se levantó y tomó un pañuelo de seda con el que limpiaba la nariz de la mujer. Ella se sentía demasiado avergonzada y le pidió disculpas infinidad de veces. El doctor llegó y detuvo la hemorragia; por suerte, no había nada que requiriera de ir al hospital. Ya luego de esto la peinaron, la maquillaron, le hicieron pedicura y manicura. — Se encuentra lista, princesa — la estilista se limpió su nariz —. Ahora sus doncellas la van a vestir, por favor, vaya a ponerse esa ropa interior. Liah se preparó, ella usaba un vestido n***o con escote de corazón, un corsé que le hacía ver una cintura diminuta, la parte baja era completamente amplia y encima usaba una capa que era colocada justo en su cuello. Las puertas de su habitación se abrieron y bajó por las escaleras que eran dobles, se puso en la parte superior de los últimos escalones y anunciaron su llegada junto con la de Alain. Los ojos de los invitados fueron directamente a la princesa y la veían sorprendida. — Estás preciosa — Alain le dio un beso en su sentido —. Vamos, tienes que arrasar con todos esta noche, no te despegues de mí en absoluto. Los príncipes bajaron mientras los invitados murmuraban sobre su gran parecido con la difunta reina, Liah pasó al frente y le hizo una reverencia a su papá y no fue la excepción con Alain, su sorpresa al ver que fue invitada a sentarse al lado de su padre no pasó desapercibida por sus hermanos e incluso por el mismo rey; sintió una felicidad con este simple gesto y sus manos se enlazaron en las de él mientras sonreía ampliamente. — Estás hermosa — él besó la mano de su hija —. Por favor, disfruta de la fiesta, ve a bailar con cada uno de tus hermanos y no le dediques mucho tiempo a una sola persona, ya que hay muchos que realmente desean bailar contigo. Es necesario hacer conexiones que te puedan servir en un futuro. Las palabras del padre de Liah fueron un poco incómodas para ella, pero al final decidió no decir nada, bailó con cada uno de sus hermanos y dejó de último a Alain, por el hecho de que pensaba estar toda la noche con él, no deseaba estar con una persona ajena a sus hermanos y menos siendo consciente que todos la querían utilizar de la forma más descarada. — Princesa Renee — un hombre hizo una reverencia —. ¿Es posible que me pueda permitir este baile? Realmente me gustaría mucho bailar con usted. — Lo siento, pero me encuentro demasiado cansada para bailar con usted, ya estoy por irme a mi habitación justo por eso. Apenas ayer vine a mi país y, como puede comprender, el viaje es demasiado cansado. El hombre se mostró muy poco contento con la respuesta de Liah, pero no tuvo más opción que irse de ahí. Al final ella se retiró a su cuarto y se quitó todas las cosas que llevaba encima sin ninguna ayuda. Al día siguiente que se despertó, miró por la ventana y recordó el compromiso tan inevitable que tenía ese día, fue a su clóset y tomó un vestido n***o sencillo, se vistió y salió del cuarto. — Buenos días — ella saludó a sus hermanos que estaban listos — ¿Y Su Majestad? El rey venía bajando en ese momento, sus siete hijos hicieron una reverencia y salieron rumbo a la capilla real, ahí presentaron sus respetos a la reina y se marcharon al palacio. Liah se encontraba en su habitación cuando recibió la visita de Alain, que traía un muffin con una vela. — Feliz cumpleaños, hermanita — él se acercó y ella le sonrió — pide un deseo, hazlo con todas tus fuerzas para que se vuelva realidad. Liah sopló la vela y en lo único que pensó fue en tener una vida normal, hacer todo lo que no podía hacer por ser m*****o de la realeza y que alguien la amará por ser ella y no por su título. A su mente vino su amado Poseidón y sonrió de una manera que nunca antes había sonreído. — ¿Qué deseo pediste? — Alain la miró con curiosidad — todo tu rostro se iluminó por completo y sonreíste de una forma que me dejó ciego. — Los deseos no se pueden decir — ella partió el muffin y le puso la mitad en la boca a su hermano — así que deja de ser una vieja chismosa. Tocaron la puerta y entró la nana de Liah una vez que fue autorizada a pasar, ella hizo una reverencia ante los príncipes y luego los miró. — Princesa, Su Majestad, desea verla en este momento — la mujer sonrió —, dice que tiene buenas noticias para darle y que, por favor, vaya a la brevedad. Liah se arregló para visitar a su papá, ella bajó a toda prisa pensando que quizás ahora las cosas iban a cambiar y le daría un trato más digno como su hija. Las puertas fueron abiertas y ella entró, miró al hombre que la había invitado a bailar la noche anterior y se extrañó por ello. — Su Majestad — ella hizo una reverencia — me ha mandado usted a llamar, ¿Me puede decir para qué me necesita? Alain se colocó al lado de sus hermanos y miró a Liah. Se podía notar con cierta felicidad al ver a su padre, pero tenía una mirada de confusión debido al individuo que estaba ahí. — Liah, en esta ocasión decidí traerte al palacio por un motivo y no fue que los súbditos se levantaron por tu causa; tomé la decisión de que ya había llegado el momento de desposarte como es debido, tu futuro esposo es el príncipe William y se encuentra aquí. El rey señaló al hombre y Liah sintió como todo se fracturó dentro de ella, una sonrisa burlona fue lo que pudo brindarle a su padre y a su prometido, levantó su cabeza con total dignidad. — No pienso casarme con este hombre, es un completo desconocido para mí. Realmente fui una tonta al pensar que algo dentro de ti había cambiado, que finalmente me verías como una hija más y me darías el amor de padre que tanto necesité cuando era una niña, soy consciente que me detestas porque te arrebate a tu alma gemela, pero no tuve la culpa — Liah miró a su papá con rabia — no solamente perdí a mi madre cuando nací, sino que también tuve la ausencia de un padre que aunque tiene pulso se encuentra más que muerto para mí. — No te voy a permitir que me hables de esa forma — el hombre la miró con rabia —. Recuerda que no solo soy tu padre, sino también el rey. Te vas a casar y no se encuentra a discusión; sabía que te pondrías así y por eso no dije nada del motivo por el cual te necesitaba en el palacio. — ¿Qué? — ella miró a Alain — ¿Acaso tú sabías esto? ¡No puedo creerlo! Fui tan tonta al pensar que al menos para uno de mis hermanos era importante. Mira papá, estás muy equivocado si crees que soy aquella niña indefensa que un día mandaste a Mónaco solo porque querías evitar pasar tiempo conmigo, ahora si puedo hacer algo para evitar que me condenes a otra jaula de oro, en este mismo momento renunció a todo título que se me pudo haber dado y me largo del palacio. — ¡No pienso aceptar tal locura! — el rey se levantó de su trono — no vas a salir de este sitio y si te atreves a hacerlo vas a ser detenida, no pienso permitir que hagas lo que te viene en gana. — No me importa si aceptas o no, desde este momento dejó de ser propiedad de la corona y pasó a ser Liah, ni siquiera tu apellido voy a usar, así que no te preocupes por ello. Qué estúpida que fui al pensar que le importaba a ustedes, solamente se quieren deshacer de mí y lo mejor que se les pudo ocurrir fue ligarme a un matrimonio que no quiero, mi mayor estigma fue nacer, en 19 años que tengo de vida nunca me han festejado nada porque este día es para recordar la muerte de mi madre, es lo único que se celebra en este día — ella lloró — gracias por ser tan incondicional conmigo padre, por mostrarme lo que jamás buscaré en un hombre. Ella se dio la vuelta y los guardias la intentaron detener. Liah sacó una navaja que tenía en su pantalón para colocarla justo en la yugular, ni siquiera lo dudó. — Dile a los guardias que en este momento se aparten de mi camino, si no lo hacen ten por seguro que me voy a cortar la yugular de un solo tajo y tendrás que explicarle a la prensa que la princesa se ha suicidado. Sé bien que yo no te importo, pero no creo que sea igual con los periodistas. — ¡Déjenla pasar! — Alain gritó al ver que nuestro padre no decía nada — ¡¿Qué esperan?! Los guardias se hicieron a un lado cuando vieron que el rey se encontraba en una especie de trance y el segundo al mando era Alain. Con el corazón roto decidí irme de ahí, no pensaba regresar a Mónaco y buscaría como abrirme paso en la vida. Tomé dinero que había guardado, mismo que gané en una competencia y que ahora me sería de mucha utilidad. — Liah — Alain me habló y me intentó alcanzar — espera por un demonio, espera. — ¡No te acerques! Fui una tonta al pensar que me querías a mí, pero la realidad es que eres como el resto de nuestros hermanos, solo te preocupa complacer al rey. No me busquen, hagan como que morí junto con nuestra madre y fin del asunto. Me fui del palacio en uno de los coches que le robé a la seguridad, al estar lo suficientemente lejos del palacio busqué cualquier cosa que pudiese cubrir mi rostro y pedí unos cuantos favores a personas influyentes para poder salir de Mónaco. — Gracias — miré con amabilidad a la azafata — ¿Cuándo vamos a irnos? Fue en ese momento en que el avión se elevó por todo lo alto y Mónaco se hizo cada vez más pequeña hasta que no se divisó en absoluto. Finalmente, llegué a mi destino, Canadá. Una chica estaba siendo agredida por unas personas, sin dudarlo me fui encima de aquellos tipos que les dije hasta de lo que iban a morir. Luego me di la vuelta y me presenté. — Un gusto Liah, soy Samantha…
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