Veo al maldito tirado en el piso con la sangre cubriendo sus facciones y la muerte pululando a su alrededor, a la espera del momento oportuno para hincarle sus garras y arrástralo al inframundo. Con mucho gusto lo ayudo a llevarse de este mundo a esta maldita alimaña. Intento desprenderme de la sujeción de la persona que está intentando alejarme de ese malnacido. ―Señor, irá a la cárcel si lo mata ―me advierte Jacob al sujetarme para alejarme de la humanidad de esa aberración creada por error de la naturaleza―. Llamaré a la policía para que arresten a este hombre ―anuncia con determinación―, pero me temo que usted irá detenido hasta que se realicen todas las averiguaciones pertinentes. Es el procedimiento normal. Me importa una mierda si voy a prisión con tal de apartar de las calles a e

