Las emociones y las sorpresas inesperadas no han dejado de suceder una tras otra. Tengo la sensación de que estoy viviendo mi propia historia de amor, aunque él no quiera o no pueda reconocerlo. Lud no es una persona de relaciones afectivas, sus palabras no las mías, sin embargo, se ha comportado como un hombre atento, considerado y detallista. Mi corazón no ha dejado de martillar desde que nos topamos aquella noche en el corredor de su club. Estoy convencida de que nuestro encuentro estaba predestinado a ser, que era un acontecimiento inevitable del que ninguno de los dos podría escapar. ―Estás muy callada. Giro la cara y lo miro a los ojos. Me gustaría hablarle acerca de mis sentimientos, confesarle que, mi corazón y mi alma, fueron inevitablemente suyos desde el primer instante que lo

