Baldassare Mía Es lo primero que se me cruza por la cabeza al verla. Azzura… Mi gacela… Sigue en Italia. No esperaba que esa entrada por la puerta de la cocina me llevara a ella. Tampoco que tuviera ese maldito poder de cambiar mis emociones como si mi cuerpo estuviera bajo el dominio de un control remoto. Uno que, sin lugar a dudas, ella controla. La gacela estuvo ausente en el ring. Estas dos semanas fueron una jodida tortura. Tuve que soportar no tener idea de su paradero. Y, por otro lado, lidiar con los drásticos giros de Constantino. Mi hermano tenía días en los que despertaba odiando a todos en la cueva, con la única intención de salir a incendiar almacenes de los Minniti. Y luego… Volvía a ella. Me arriesgué yendo los dos viernes al ring, pero brilló por su ausenci

