Al menos pude comprarme un helado porque estaba de descuento. Me gustaba ver el lado positivo de las cosas. En cuanto tomé mi teléfono de nuevo, noté que ese escritor seguía armando escándalo por esos puntos. Hice una mueca y rodé los ojos, ya que no le había prestado atención. No me afectaba, lo único que me molestaba era que involucrarme en esas polémicas generaba estrés, lo que a su vez me desconcentraba al escribir. Por eso, decidí apagar el teléfono y dejar de pensar en ese grupo y en todo lo demás. Cerré los ojos, dejándome llevar por el sueño. Al día siguiente, me levanté, ya que había dormido muchísimo, eran las 7 de la mañana y ni siquiera había cenado. Al menos había ahorrado en eso, pero tenía mucha hambre. Abrí la nevera y, para mi sorpresa, el foquito de arriba no encendía.

