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4029 Palabras
  Sebastián estaba retrasado él había quedado en recogerme a las seis de la tarde para irme a llevar a la casita del lago, la denominada, Nido de amor, porque los únicos que iban allí éramos nosotros dos, y solos además. Me había maquillado de la mejor manera, y me eche el mejor champo que había en el pueblo, casi gaste todos los jabones que escondió mi mama, en el cajetín de primeros auxilios, además de eso, la ropa que había comprado para ir a la playa, el súper traje de baño sexy, lo llevaba debajo de mi falda de color n***o y mi blusa con escote, dejando ver gran parte de mi cuerpo.  Nunca me vestía tan destapada, pero sentía que hoy necesitaba eso, porque algo en mi interior me decía que esa noche iba a ser especial.                            Pero mis padres estaban al pendiente en la sala, vi que Zack estaba sentado en el mueble, y pensé que estarían hablando del supuesto matrimonio que iba a suceder entre él y yo. Pero Zack, no quería casarse conmigo, ni yo con él, y acordamos en seguirle el juego a nuestros padres, hasta que se le acabaran la paciencia, y lo dieran por vencido. Por otra parte el verano estaba por terminar, solo faltaba un mes y medio para que llegara la primavera. Con ella las despedidas y las cartas de amores eternos que a los años son olvidados, y no quería que eso pasara con Sebastián.                         Me inundaba una desesperación inminente sobre ese asunto y como era lo único que pensaba, me entro una cara de seriedad, mientras miraba a una roca que estorbaba en mi camino, la patee con fuerza y me lastime un poco el pie, después de dos rebotes, escuche que tropezó con una cosa de metal. Alce la mirada del suelo, y después vi a Sebastián en su moto con su sonrisa tan característica de oreja a oreja. ­­­­­ —Hola chica, ¿porque tan deprimida? No pareces la misma de siempre. Con gran deseo de abrazarle salude a mi muchacho loco. Mientras ponía una cara mejor.                                           —Joder me asustaste —Me agarre el pecho— vamos a la casita, antes de que nos vean mis padres.                                                                                                       —Como tú digas mi reina súbete. Como todo un caballero que era me ayudo a subir a la mato y me puso el casco con mucha delicadeza, pasando su mano por mi rostro, terminando en mis labios, y dándome una acalorado beso francés, después se subió a la moto y la encendió, y a gran velocidad, se fue en dirección a la casita.       Como consecuencia de que arranco de  golpe contra el viento, casi caigo por detrás de la moto, pero me agarre de su abdomen  para no caerme, sabía que él hacia eso aposta.     *   —No creo que usted esté haciendo las cosas bien Señor Antonio. —Miro fijamente—  Mandar a matar a alguien, es de criminales, y creo que hay una pena con cárcel, por ello.      Zack era inclemente porque quería sacar a su hermanito menor de cualquier, peligro y estaba seguro de llegar a cualquier, frontera que fuera necesaria, por proteger a su única familia viva que tal vez tuviese en esta década.                                                                                   —Niño tranquilo solo es un muchachito que nadie va a recordar. —Zack se mordió la lengua—  Además no me digas que se te aguo el corazón porque mande a matar a ese muerto de hambre.                                                         —A mí no se me aguo nada, así que más respeto que estamos entre caballeros, o al menos eso creo, pero le advierto que esto no va acabar bien.—Lo señalo— si ese chico va a la policía usted, se iría a juicio, y yo no quiero tener problemas con el Padre de mi futura esposa, así que tenga en mente mantenerse prudente. Y deje la mentalidad de un adolecente, de quince años. —Se le acerco— y escúcheme con extremo cuidado, —se mas acercó al oído— Yo sé muy bien lo que tiene con la mucama de Kiqui, no querrá que su esposa se entere.                                                                                               —Desde cuándo, los pájaros disparan a las escopetas. Muchachito, no me vengas con amenazas, que no te conviene, o quieres que aleje a mi hija de ti. —Antonio agarro un cuchillo de mesa— además estas en desventaja hoy, no viniste con tus hombres, además estas desarmado. No sería una pena que el hacendado más joven de la región desapareciera, este día. —le puso el cuchillo en el cuello— estas mal parado muchacho.                          —¡Ha! ¡ha! ¡ha! Eso crees, —Zack apunto con la mirada a su cinturón—  el padre de Michelle, le siguió el juego, y vio como la daga de Zack, estaba en la barriga de Antonio, sin darse cuenta él ya había ganado la riña.                                                            —No soy el hacendado más joven solo por mi edad, sino también por algunas cosillas que supe y se, hacer. Antonio en temor por su vida, aparto el cuchillo de su cuello, temiendo que le clavara una puñalada. Y se alejó hasta el otro extremo de la sala, mientras que Zack de la mesilla de cristal agarraba una vasija llena de vino.   —Le voy a ser claro, señor Antonio. No persiga más a Sebastián, porque va a tener problemas conmigo y con Mr. Vicente,—echo el vino en una copa— y por otra parte, no se crea el papa de los helados. Aquí en el campo quien manda es otro. —bebió vino— y ese soy yo. Así que cuídese, —apunto con la daga— yo no diré nada de lo suyo con esa puta, pero eso que le está haciendo a la señora maría, no es digo. —se fue a la puerta y se detuvo en la entrada— Ah y otra que casi se me olvidaba, mañana Michelle se va a quedar en mi casa, queda entendido. Antonio aterrado por lo que decía ese hacendado que más bien parecía un mafioso, solo pudo afirmar con la cabeza, Zack por su parte salió acomodándose la camisa, mientras maldecía a cualquiera que se le cruzara, ya que lo habían enojado, y era la única cosa que detestaba en la vida.                       Cuando vio que  Zack ya se había ido, Antonio se deslizo por la pared dejándose caer al piso, con la mirada perdida en un solo punto de la sala, que era la mesa del centro. En su mente pasaban preguntas como:> o > pero él sabía que la mejor manera de saberlo, era tenerlo vigilado. Si él lo estaba haciendo con Antonio. El padre de Michelle también tenía que tomar cartas en el asunto, mas por la protección de su hija. Busco rápidamente el celular que escondía para los contactos negros como le decía.                                            —Alo sí, soy yo Antonio, tengo otro trabajo para ti, mantén vigilado a Zack. Es peligroso para mí, no importa el precio te pago lo que sea. Cerró el celular y con orgullo se fue a servir un trago de whisky para celebrar el que dos pájaros habían caído de un tiro. Pronto iba a tener dos Haciendas, La de Sebastián Y La de Zack.                                                        —¡Ha! ¡Ha! ¡Ha! Cayeron todos en mi trampa, los muchachos son tan fáciles de engañar. —sorbió de la copa— pero es tarde voy a ver a Kiqui. Y además encontrarme con mi socio.                                                                                                                                                                                 Capítulo 29: Vista *   No sabía cómo Sebastián había vivía solo allí desde hacía años, pero al ver en la cúspide su dormitorio aquella hermosa vista de las praderas, las montañas que se hacían una cordillera, las nubes que se acercaban a cada una de esas gigantescas murallas de tierra,  y los arboles gigantescos que tapaban el sol, pero aun así se podía ver su puesta, y además pintado de un color rojizo, y el sonido del agua cayendo por la pequeña caída antes de llegar a la lagunilla, y la brisa fresca pegando en tu cara. Era hermoso tanto que dejaba boquiabierto a cualquiera que lo viera una vez, haciendo que la segunda oportunidad fuera igual en realidad no me cansaba de ver aquel bello paraíso, que el hombre aún no había profanado. Pero no todo se debía a la gracia de la naturaleza, pues Sebas, mantenía limpio los alrededores, cualquier animal muerto que cayera al rio, lo enterraba con gran apuro, para que las aguas no se contaminaran.  No solo era suerte, sino trabajo duro.                                                                                                                     Cuando llegamos a la casita  volvimos a comer, con una estupenda cena de filete y alguna que otra copa de vino francés, que había traído sebas de la hacienda. Pero no quedo mucho antes de decirle, que quería montarme al techo de la casa, el frunció el ceño e inclino la cabeza, seguro pensaría que había quedado loca, pero quería ver ese bello paisaje otra vez, y más estando con él. Pero sin chistar él se paró de la mesa, con paso decidido, y me dijo que me esperara allí. Le sonreí mientras esperaba a que volviera, seguro que se estaba preparando para algo más. Que entre comillas yo sabía que iba a suceder. Mi impaciencia estaba en su punto más alto, y como una droga necesaria para el cuerpo, yo quería ver ese paisaje.       —Vamos Linda. Dijo Sebastián, mientras que se enrollaba una linterna en sus pantalones,  —Ya sé lo que quieres ver. Giño el ojo, con sutilidad. Él se acercó a mí, y entre sus brazos me cargo. Mientras que en su espalda, podía sentir todo el calor de su cuerpo,  podía sentir cada gota de esfuerzo en subirme a la habitación, y encima agarrarse de la cuerda, para después trepar la pared, mientras todo mi cuerpo colgaba sin hacer menor esfuerzo, me sentía un poco culpable, y hasta pensé que debía decirle que podía mover las piernas un poca y me podía apoyar en la estructura, pero el me leyó la mente saliendo de la ventana, y antes de subir me dijo: —Ni te atrevas a mover un musculo, si haces eso no te hablare por el resto de mi vida, entendiste.                                                                  Yo con un poco asustada por su  conducta, pero afirme con la cabeza, por su gran determinación además eso de él, me encantaba. De la nada saco una cuerda, —Agárrate a mi espalda, solo eso vas a hacer. Dijo con gran confianza, yo abrace la amplia espalda, y me pegue a él, tanto que mis pechos se sentían asfixiados. Y  podía saber que lo estaba excitando, aun así solo fue una indirecta casual. El salió de la casa, y de un salto estábamos volando por los aires, —Sabes lo que haces, —lo abrace más fuerte—                                            —Tranquila, se lo que hago. Con una sonrisa muy alentadora tranquilice mi corazón que tenía las palpitaciones al mil, por ese peñasco debajo de nosotros. Pero con el tiempo, me di cuenta que la cuerda estaba amarrada a la azotea de la casa, así que estábamos columpiándonos, y yo pensaba que íbamos a caer a la muerte. El golpe del impacto cuando sebas llego a la pared, fue tan fuerte que casi me suelto de su espalda, pero el me atrapo agarrándome del trasero. Motivo por el cual pegue un fuerte grito, mientras me ponía más roja de lo normal. El con un poco de picardía pudo manosearlo un par de veces, disimulando la ocasión para tocar mi bello cuerpo, que al final pensaba que no me daría cuenta. Con gran ímpetu, subió de poco a poco los dos metros y medios, de altura que nos separaba del tejado de la casa, con grandes pasos y casi un esfuerzo inhumano subimos al techo de la casa, el techo estaba oscuro pero podía ver con un poco de dificultad, mas Sebastián con su cansancio se paró casi que corriendo a buscar una cosa, yo me senté en la cúpula de la casita viendo aquel ambiente bello. Aunque no sabía que estaba haciendo él atrás del techo. Sebastián por fin llego con una cosa parecida a una lámpara, y con ímpetu un par de sillas que se llevan a la playa.                         — ¿Pero qué haces tontito? Pregunte con una cara de felicidad, y dudando las acciones del hoy extraño sebas.                                                             —Pues me entere de algo… me entere que querías ir a Cape Cop.  Y como no lo conseguiste por eso te ibas a dar a la fuga,  pero podemos ver el atardecer aquí, además prepare esto. —Señalo atrás de mi— una papel tapiz que se parece a la playa.  Era fantástico un papel tapiz de como tres metros de largo por uno y medio de alto, donde estaba detallado la playa de Cape Cop, y su famoso faro. Además que lo había cubierto de bombillos para que se mantuviera iluminado, de verdad un verdadero espectáculo.                      —Gracias pero… —Mis ojos estaban llorosos— Ahora me gusta más, este pueblo. Con la que tal vez era mi más grande y verdadera sonrisa, me acerque a él y le pegue un fortísimo abrazo. Un pecho contra pecho, barriga contra barriga, y pelvis contra pelvis, encendiendo en mi un calor del quinto infierno, pero que acto seguido con un beso francés bien ahincado en mi lengua Sebastián lo calmo . Yo lo mire a los ojos mientras lamia mis labios, y concentrando la mira en sus bellos ojos. —Te quiero— adorno el momento mientras las siluetas de nuestras sombras abrazados sin querer separarnos producido por los pequeños bombillos, adornaba el resto de la noche. Rodeado del más bello paisaje que pude haber visto en toda mi vida, me sentía segura, y por primera vez en mi vida me sentía en paz.                                                                                        *                       —Entonces debemos bloquear todas las cuentas de las tarjetas y también las corporativas. ¿Porque jefe?                                                                                   —Zorro blanco está planeando un ataque. Además no sabemos cuándo sea, él quiere tomar mi hacienda a la fuerza.                                                —Entonces me pondré a eso, —Zack lo paro— Dígame jefe.                                —Busca tres casas en el pueblo cercano, que sean grandes y espaciosas,  que estén ocultas para que nadie sepa que vamos para allá. Además de eso busca todas las escopetas que estén en la hacienda, y las pistolas y sables, en fin todas las armas con sus respectivas municiones, y llévalas a una de eses casa, después de mi dices cual es esa casa. Pero no se deshagan de las de su uso personal. —Tomo una hoja de papel— después de que hagas todo eso vas a buscar a mi hermano y lo subes a una camioneta, busca también a la chica, y le entregas esto a Mr. Vicente dile que vas de mi parte. El entenderá, todo.                         —Jefe perdone que me entrometa pero ¿es grave?                                      —Tal vez vamos a enfrentar una guerra.                                                                  —Pero has todo lo que digo, eres mi único hombre de confianza aparte de Jhony. —Reviso su daga— pero tal vez nos estemos encaminando a una guerra…                                        —Diablos entonces es algo grande.   Zack afirmo con la cabeza.             —Yo voy a buscar a sebas para decirle que esto está casi colapsando, ve y prepara todo, zorro blanco puede atacar en cualquier momento. Y una última cosa, Gracias eres un buen amigo, hasta el día de hoy te he considerado como la única familia que tengo.                   —De nada, además contara conmigo y con el cabeza dura de Jhony en la guerra, y después de ella, Zack somos tu familia aparte de Sebastián.        —Echo amigos. Con una sonrisa Zack despidió de Charlie y él se puso a buscar una pistola en su oficina. Atormentado de lo que decían los rumores de zorro blanco estaba tres veces más atento que lo normal, con parsimonia buscaba una pistola, pero no era cualquier pistola, era el único legado que le dejo su padre antes de desaparecer, un revolver con un grabado en su empuñadura, un gavilán estaba tallado en las bellas caratulas de la elegante pistola que aún conservaba brío de orgullo de algunos tiempos pasados.                                                                                                 Capítulo 30: Zorro n***o  Cuando la encontró, una pequeña sonrisa volvió a Zack, —Nos volvemos a encontrar. Viendo las capsulas del revólver, metió cuatro de cinco balas, y se la puso en la correa de cuero cubriéndola con el chaleco de siempre. Pero no solo busco esa arma, sino que también de un escondite de detrás de una librería, saco unas llaves y unos guantes de cuero, que tapaban la mitad de sus manos, él se puso los guantes, —Fue culpa mía.  Tuve que detenerlo cuando pude— después de ponerse los guantes, miro a ambos lados del pasillo y cerrando la puerta salió de la casa. Con paso firme se de a uno de sus establos, el más alejado. Ese establo estaba tan alejado que ninguno de los hombres de la hacienda ni siquiera sabía que eso estaba allí, ni siquiera Charlie sabía que era el más allegado. Abrió la puerta de la caballeriza, y el polvo broto de la nada. Dejando ver una lona negra en los adentros de la oscuridad. Zack saco las llaves que tenía en el bolsillo y apretó el botón de un pequeño llavero. Y de la nada una luz se encendió. Destapo la lona, y una moto se dejó ver, era una moto de grandes proporciones, ruedas grandes y algunas que otras figuras de dragones en su caparazón, tales como el tanque de gasolina y en la parrilla.           —Hola Jessy, cuanto tiempo. Zack saco de un pequeño cajón de la moto un chaquetón n***o con un sombrero de cuero del mismo color. Echo un vistazo a la distancia y decidió que era el día perfecto para salir a dar caza a sus antiguos enemigos que le venían atormentando desde hace rato. Cuando el denominado Zorro n***o había dejado de cuidar las calles. Pero antes iba a ver a su hermano que seguro estaba con Michelle, ahora su familia era la prioridad, y por eso había retomado esa identidad que había dejado hace tiempo atrás, queriendo alejarse de la acción. Con un fuerte estruendo de la moto Harley se fue a alta velocidad para la casita de campo de sebas. * —Dime que no se hacer una cita —Reafirmo sebas con total seguridad— no es así castaña.                                                                                                     —Pues si sabes hacer una cita, pero más que eso sabes complacerme, que es mucho mejor. Pero serás de complacerme en otras cosas —Deslice mi mano derecha hasta un poco más debajo de su muslo— Mientras que yo le decía esas palabras apreté su mandíbula un par de veces, para empezar a excitarlo. Mientras que ya me había quitado la mitad de la ropa, los quedándome en el traje de baño que había traído. No me daba frio, estaba al lado de sebas. —Parece que eres una golosa —sonrió— porque no lo intentamos. Puso sus manos sobre mi pecho, y después me dio beso tan esplendido que en mi barriga se produjo en chisporroteo tan agresivo que nunca había sentido en mi vida.                                                                           —Continuamos… sé que ese pegunta conllevaba a lo que todos querían y en esa entonces yo afirme con la cabeza, Sebastián saco el acto más puro que se refleja en el amor y mordiendo mi cuello empezó a deslizarse de arriba abajo besando cada parte de mi cuerpo, desato mi traje de baño y se puso encima mío, besándome en los labios, y después metiendo su lengua y rozándola con la mía.                                                                      Pero después de dos minutos más tarde, un sonido de motor, despego a sebas de mi cuerpo, mientras me decía que me vistiera, le pregunte si había traído a alguien para acá, el con una nota sarcástica me respondió indignado. Así que me dijo que me quedara en el techo y que no bajara si él no me avisaba,  que apagara las luces y se mantuviera callada y pegada al celular por si algo malo, le ocurría. Mi mente entro en gran angustia mientras me ponía algo de ropa, el frio ya me estaba entrando en el cuerpo.                                                                  Pasaron unos cinco minutos o más, cuando escuche la voz de Sebastián diciendo que iba a subir, que me pusiera algo de ropa. Finalmente él estaba allí. Parado sobre el tejado, mientras ayudaba a subir a otro hombre, que llamaba hermano, me daba alegría que hubiera conseguido a su hermano, puse una sonrisa muy gentil cuando vi que el subía al otro hombre vestido de n***o y con un sombrero,                                              —Se que te vas a sorprender, —dijo el mientras se dirigía al apagador, para encender todas las luces que habían— pero ten en cuenta de que supe todo la hace menos de tres días… el hombre que está aquí parado, es aquel que dice ser mi hermano de sangre. En mi mente el pensamiento de quien será, aquello que tenía un misterio  tan siniestro que me pusieron los pelos de punta. El hombre se mantenía en silencio y ni una palabra de su boca salió, más me interesaba por él.   —Tu hasta lo conoces. Imposible, conocía al hermano de sebas, y no sabía que era familia de él.                    Sin miedo sebas encendió la luz, y los intimidantes ojos, de Zack fue lo primero que pude ver. > grite casi que con todas mis fuerzas yo mire a sebas desconsolada y sorprendida la novedad.                             —Zack es tu hermano. Mire a Zack un par de veces.                                              —Si él es mi hermano mayor. Pero el me conto que ya se conocen.                        —Temo que debemos dejarnos de contar cosas tan triviales ahora, hay algo más importante, —frunció el ceño— Zorro blanco intenta apoderarse, de nuestras dos haciendas. Además quiere matarnos.                           — ¿Qué? —Sebas casi pega un brinco de la noticia— pero si el…             —No hermanito, él es Zorro, nunca va a tener clemencia, ya vacié mis cuentas, así que no puede robar mi dinero. Pero mi hacienda si la puede tomar a la fuerza. Lo mejor es que vayamos al pueblo que hay al sur —señalo a la montaña— en esas montañas estaremos seguros un rato, mientras pido apoyo a mis amigos en la capital.                                                                  —Pero… —Zack lo interrumpió—   —No sebas hazme caso, y tú también —Me señalo— vámonos todos antes de que ese desgraciado, haga una locura. Ya informe a Vicente que te ibas a ir conmigo, mis hombres nos están esperando en casas, —el me miro— Michelle yo le dije a tus padres, que te llevaría de paseo a unas casa que hay en las montañas, ellos accedieron, así que también vienes, Tómenselo como una romántica escapada de la sociedad. Aprovechen porque lo que viene es guerra. —se acomodó el sombrero— les espero abajo.                                                        Sebastián me miro muy sorprendido, del como su hermano estaba velando por él, pero sabía que si nos quedábamos en el pueblo, con ese sanguinario detrás de su hermano y nosotros relacionándonos con él, al final nos iba a matar así que era mejor que todo se cayera por su propio peso, que armar una reyerta.         El con su mirada serena y con una sonrisa en la cara, me dio un abrazo, y sin más que decir un beso en la mejilla. Mientras de sus labios se dejaba escapar un: Todo va a estar bien, tranquila. Vámonos. Tomando mi mano y con seguridad en los ojos, sebas me bajo del tejado busco su moto y nos dirigimos a la casa de Zack para hacer las maletas, en un largo viaje, a las montañas del sur, que tal vez terminara en algo más, yo como una niña en mi corazón no sentía nada más emociones que no tenían comparación, emoción, satisfacción, deseo, amor, dolor, intriga, y ansiedad yo solo sentía nadas más que vida.         
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