Nicolás mantuvo su mano extendida unos segundos más, disfrutando el evidente desprecio de Sebastián. Finalmente, bajó la mano y tomó un sorbo de su whisky con calma. Su sonrisa, calculada y segura, permaneció intacta. — Entonces ya me imaginaba que esto era personal —dijo Nicolás, dejando el vaso en la barra con un leve tintineo —. Pero si viniste buscando una pelea, Sebastián, deberías habérmelo avisado. Podríamos haber ahorrado tiempo. Sebastián dio un paso más cerca, invadiendo el espacio personal de Nicolás. Sus ojos destellaban ira contenida. — Esto no es una pelea, Ferrer. Esto es una advertencia. No tienes idea de con quién estás jugando. Camila no es un juego, y tú no tienes lo que se necesita para estar a su lado. Nicolás arqueó una ceja, como si las palabras de Sebastián

