Ya llevaban dos horas de marcha, y con una aprensión creciente observaban cómo el terreno se empapaba más y más. Al principio debía estar muy seco, quizá porque allí llovía raramente, pero, poco a poco, la tierra había ido absorbiendo el agua hasta que no era capaz de recibir más. La superficie mostraba ahora una capa fina de fango, la cual, ciertamente, aumentaría con el paso del tiempo. Las botas empezaban a ser más pesadas, con el fango que se quedaba pegado, y los pasos, más cansados. Los miembros de la patrulla casi no hablaban, desolados como estaban bajo el chaparrón, y, simplemente, seguían a Camden, que iba abriendo camino. Miraban a su alrededor solo de vez en cuando, dado que parecía que las criaturas estaban lejos. Ahora el temporal estaba en su intensidad máxima, con un martil

