—¡Comandante! —volvió a llamar ella, con un grito histérico. Camden le respondió entonces, también gritando, sin dejar de escupir fuego hacia el bosque. —¡Ahora tenemos suficiente ventaja para que el helicóptero pueda aterrizar! »¡Adams! ¡Ahora! —¡Roger, señor! Adams inició el descenso, pero cuando estaba a unos seis metros de cota el rotor de cola se paró y el helicóptero entró en autorrotación. El piloto intentó inútilmente hacer funcionar el rotor, al mismo tiempo que maniobraba para intentar elevar el aparato. —¡Emergencia, emergencia! ¡Quitaos de ahí! —gritó Adams. Camden percibió el helicóptero fuera de control por el rabillo del ojo, y comprendió la situación inmediatamente. No tenían tiempo para huir, y, en todo caso, resultar aplastados por el helicóptero que se caía era, s

