Capítulo 3

1851 Palabras
Amín estaba cortando la leña que había recogido en el bosque, esa era una de las tareas que más odiaba; bien podrían tener una estufa eléctrica como la mayoría de los pueblerinos, pero su madre estaba empecinada con que la comida sabía mejor cuando se cocinaba en el fogón. Aquella aldea era como la mayoría: pobre, arcaica y con poca tecnología, si es que se podría llamar tecnología a los antiguos artefactos a los que tenían acceso. Amín tarareaba una canción que nunca dejaba su mente, pese a que no sabía las letras ni recordaba haberla escuchado antes, sin embargo, cantarla le daba paz y una nostalgia que no entendía. Entró a la cocina con la leña que usaría para la cena. Ese día se la pasó sola en la casa, puesto que sus hermanos llegarían más tarde y su madre salió temprano y no había regresado. La señora Madgar Case era conocida por los finos perfumes que fabricaba de una manera rápida e impresionante. Cada semana, un grupo de hombres venían a buscar las cajas de las fragancias que ella vendía a personas exclusivas. Amín no entendía cómo es que ellos no tenían una mejor vida si su madre hacía buen dinero con su arte, pero eso era algo que ella no se atrevería si quiera a mencionar, puesto que ganaría un castigo por su insolencia. Cocinaba mientras cantaba, su melodiosa voz llenaba la amplia cocina; disfrutaba estar sola, por lo menos no se sentía temerosa en soledad.  —Hola, hermanita. —Ella dejó caer el recipiente que contenía las verduras del espanto—. Mira nomás, solo estamos tú y yo en casa. Jo se acercó a ella de forma peligrosa y atrapó su cintura con sus manos.  —S-Suéltame, por favor. —Las lágrimas se acumularon en sus ojos amarillos.  —¡Pero si nos divertiremos juntos!  —¡Amín! —La voz de su madre la alertó. Con rapidez, se soltó del agarre de su hermano, quien suspiró del fastidio al ser interrumpido de sus malvadas y bajas intenciones, mientras que Amín salía de la cocina para atender a su malhumorada madre.   ***    —¿Estás bien? —Amín examinaba a Jen con preocupación, puesto que su rostro lucía muy pálido y estaba más delgada que de costumbre.  —Estoy bien. A decir verdad, mejor que nunca. Creo... —Jen la miró perturbada—. Creo que estoy enamorada. Amín la observó anonadada, pues no se esperaba escuchar aquello de boca de su amiga.  —¿Quién es el afortunado? —le preguntó sorprendida.  —Ese es el problema... —La pelinegra jugó con sus dedos—. Estoy enamorada de dos hombres...  —¡¿Qué?! No me digas...  —Jo y Jey, tus hermanos.  —No estás enamorada, es solo... ¿Sexo? Me imagino que te has acostado con ambos...  —Eres una chica sucia, Amín —Jen sonrió con picardía—. ¿Acaso nos espiaste? —Esta vez soltó una carcajada.  —No, pero siempre entras a la habitación de ellos y duran mucho allí encerrados —decir aquello le era incómodo, nunca se imaginó que su amiga se atrevería a estar con dos hombres a la vez, en especial, si esos hombres eran hermanos.  —Es la mejor experiencia s****l que he tenido en mi vida, esos hombres son unos expertos y me hacen cosas que jamás imaginé que existieran. Yo los amo, ellos son mi razón de ser y sin ellos prefiero la muerte. Amín sintió una sensación gélida en todo su cuerpo al escuchar a su amiga. ¿Era aquello normal? En definitiva, no.  —¡Deja de decir tonterías, Jen! Ningún hombre puede ser tu razón de existir y debes valorar tu vida, ellos no son tan especiales como para darles tanta importancia.  —¡¿Qué estás diciendo?! —Sus ojos se encendieron de la ira y su aspecto se tornó aterrador y escalofriante.  —Cálmate, Jen —Amín la miró aterrorizada—. No tienes que ponerte así, solo te doy un consejo.   —¡Me valen tus malditos consejos! Tus hermanos son mi vida y nadie me va a separar de ellos, ¿me entendiste? ¡Nadie! Amín regresó a casa preocupada y un poco asustada. El comportamiento y apariencia de su amiga eran extraños. Se dirigió a su habitación para darse un baño y descansar, ya que al día siguiente tendría muchas tareas pendientes en la casa. Después de bañarse y ponerse la ropa de dormir, se sentó en la cama con un amargor en el paladar, otra vez aquella sensación. Desde que su padre murió no se había sentido segura allí, muchas veces tenía el presentimiento de que su madre hacía cosas oscuras en su habitación; no sabría explicarlo, puesto que nunca la había visto haciendo nada fuera de lo común, era solo una extraña sensación. Amín se levantó para dirigirse a la cocina a prepararse un té. Necesitaba calmarse. Salió con sigilo de la habitación, pues lo menos que deseaba en ese momento, era ser atrapada por uno de sus hermanos. Su situación era preocupante, puesto que se sentía como presa de cazador, librada por la suerte, pero... ¿Por cuánto tiempo podría seguir escapando? Sentada en la cocina, Amín olfateó la humeante bebida, con un suspiro dejó salir algo de esa inusitada tensión. ¿Por qué estaba alerta? Después de tomarse el té, caminó a hurtadillas de regreso a su habitación, su corazón latía con intensidad y su pulso estaba disparado. Siempre había sentido esa vibra oscura en su hogar, pero esa noche la sensación era agobiante. Cuando iba a abrir la puerta, unos extraños sonidos provenientes de la habitación de su madre llamaron su atención. Melancolía, enojo y rabia recorrieron su ser sin entender la razón. ¿Por qué se sentía de esa manera? Era extraño, pero tenía la necesidad de entrar allí e impedir algo que desconocía. Siguiendo su instinto, caminó en dirección a aquella puerta. Sus manos temblaban al apretar la cerradura, no hizo gran esfuerzo, puesto que la puerta no estaba cerrada por completo. Casi grita del espanto ante lo que sus ojos veían. Náuseas y escalofríos la atacaron de repente y las lágrimas fueron inevitables. ¡No lo podía creer! Sus hermanos y su madre rodeaban a Jen, ella estaba atónita ante la escena. Los cuatro estaban completamente desnudos y se acariciaban de forma promiscua entre ellos. Lo más abominable, era la manera en que la señora Case succionaba la muñeca de la chica. La mujer levantó la mirada al verse descubierta. Sangre caía de su boca y sus ojos estaban rojos y brillantes. ¿Qué rayos estaba sucediendo? Amín retrocedió llena de temor mientras Jo se acercaba a ella con una sonrisa retorcida.  —No comas ansias, hermanita, que después de ella sigues tú.  —Ella no... —Su madre susurró con voz escalofriante. En realidad, todos ellos lucían así.   —¿Q-Qué le están haciendo? —Amín tartamudeo presa del temor. Aquello debía ser una pesadilla de esas que tanto tenía.  —Nos alimentamos, querida —respondió su madre con una sonrisa que le heló la sangre.   —Sigan, por favor. Quiero..., necesito más... —suplicó Jen.  —¡No! ¡No le sigan haciendo eso, por favor!  —¡Por favor! ¡¡Los necesito!! ¡¡Los amo!! —Los ojos azules de su amiga se tornaron negros, sus manos se alargaron y su boca se extendió hasta cubrir casi toda su cara.  —¡Lárgate! —gritaba con desesperación—. Vete de aquí o ellos no podrán amarme. ¡¡Largo!! Amín casi se cae de la impresión cuando su amiga saltó en su contra. Sus manos se tornaron pegajosas alrededor de su cuello, ambas cayeron al piso mientras Jen la apretaba con rabia y una fuerza fuera de lo normal.  —¡No! —Amín gritaba desesperada al verse atrapada bajo lo que sea en lo que se haya convertido su amiga. Estaba tan asustada que sentía perdería el conocimiento en cualquier momento.  —¡Hagan algo! —gritó la señora a sus hijos, quienes miraban la escena con morbosidad en sus ojos. Ellos no tuvieron tiempo de reaccionar, puesto que Amín se liberó de Jen con una rapidez y fuerza sobrenatural. Los ojos amarillos de la pelirroja se tornaron rojos y un grito aterrador salió de sus labios. Todos cayeron suspendidos ante la fuerza con la que fueron impactados. Después de unos segundos de estupefacción, Amín corrió fuera de aquella casa infernal. Corría como nunca creyó que lo haría. Su pecho apretaba y su pulso estaba fuera de control. Las lágrimas bañaban su rostro mientras se daba a la huida; detrás de ella, los mellizos corrían con la intención de atraparla, cuales depredadores a su víctima. No la habían atrapado y ya se saboreaban ante la expectativa. Esta vez, no iban a obedecer a su madre. La tomarían, destrozarían su carne y se llevarían su inocencia; lo harían, nada ni nadie se los impediría. Amín corría entre los árboles con el corazón en la boca. Su respiración era irregular y temía colapsar en cualquier momento.  —Quiero despertar, quiero despertar —se repetía con la esperanza de estar soñando, puesto que todo aquello era similar a sus sueños. No sabía cuánto había corrido ni cuan cansada estaba. Desconocer el lugar le indicaba que ya estaba lejos de casa, sin embargo, sus hermanos seguían detrás de ella, dispuestos a atraparla.  —¿Por qué no me dejan en paz? —dijo en un sollozo—. ¡¡Déjenme en paz!! —gritó llena de desesperación, hastío e impotencia. No caería en sus garras, no dejaría que le hicieran lo mismo que a Jen. No, no podía rendirse. Dio un salto para no chocar con un tronco que le afrontaba. Estaba sorprendida de su habilidad al moverse por un bosque oscuro y sin un camino definido. ¿Cómo es que podía ver tan bien en la oscuridad? Paró en seco cuando vio el final del camino, era un precipicio. ¿Cuánto había corrido? Lloró de la impotencia y frustración, ¿cómo escaparía ahora?  —Hermanita... —La voz burlona de Jey estremeció todo su cuerpo. Pasó su mirada de sus hermanos al abismo, llena de temor.  —No tienes escapatoria, preciosa —espetó Jo, con la victoria en su mirada—. Ya deja de hacerte la difícil, te prometo que lo vas a disfrutar. ¿Acaso no viste como tu amiguita se lo gozaba?  —¡No se me acerquen! —chilló como desquiciada al percatarse de lo cerca que estaban—. ¡Déjenme ir, por favor! —rogó en llantos, pero aquello solo aumentó el morbo en sus hermanos, quienes disfrutaban tener el control.  —Esto va a ser muy divertido, ya estoy demasiado ansioso, necesito saborearte... —Jo salivaba del deseo. Ambos adelantaron el paso para agarrarla, pero Amín limpió las lágrimas de su cara con su antebrazo y les dio una última mirada.  —Prefiero morir, idiotas —dicho esto, se lanzó por el precipicio.
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