—¿Y bien? —insistió Jing mientras enarcaba una ceja. —S-Solo fui al río... —respondió ella con voz temblorosa, al mismo tiempo en que jugaba con sus manos. —¿No te dijimos que no salieras? —cuestionó Odiel—. ¿Sabes lo peligroso que es andar por ahí sola? En especial con ese tipo rondando. —Tampoco me traten como si fuera una niña, que no lo soy. Además, ese rufián no me haría nada, yo sé defenderme sola. La carcajada de Odiel la hizo arrugar el rostro. —¡¿Nunca te haría nada?! Tengo muchas ideas de todo lo que ese chico te haría, chiquilla. —¡Odiel! —Jing lo interrumpió. Sabía muy bien el sentido de su frase para nada prudente. —Yo puedo luchar en contra de él —aseguró Amín—. Solo tengo que usar mi habilidad. —¡Chiquilla creída! —espetó Odiel con ironía—. ¿Acaso sabes utilizar tu h

