—¿Quién es él? —interpeló Jo cuando regresó junto a su hermano de trabajar. Jing los miró con firmeza y contuvo las ganas de golpearlos, al recordar las palabras de Amín. —Solo es un hombre que fue robado. Se quedará aquí hasta que recupere lo perdido —respondió ella restando importancia al asunto. —¿Metes a un desconocido en la casa y hasta le das mi ropa? —reclamó Jey al notar que las prendas que llevaba Jing puestas pertenecían a él. —¡Ay, pero qué exagerados! Solo hice una buena obra al ayudar al muchacho. ¿Qué esperaban? ¿Que lo dejara a su suerte y desamparado? —¿Desde cuando haces buenas obras, mamá? —se quejó Jo. Ella miró a Jing de arriba a abajo y su boca empezó a salivar. —Siempre he hecho buenas obras, querido... —Miró a sus hijos con complicidad y ellos entendieron el me

