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1466 Palabras

Guardo el móvil y me acomodo en el asiento. Ivanov me mira. Siento la necesidad de decirle quién ha sido el remitente. —Era Laura, mi mejor amiga. —Son muy unidas, bastante apegadas las dos —supone. —Así es. Transcurren unos minutos en los que el silencio reina. Hasta que él vuelve a hablar: —Mañana estaré fuera de la ciudad. Regreso el viernes. Puedes quedarte en una habitación de invitados. Hacer de cuentas que estás en tu casa. También te dejaré una serie de tareas para cada día. ¿Qué dices? —¿Me deja pensarlo? Yo no tengo problema en tomar el bus o un taxi hasta su casa. ¿Quedarme en su casa? La idea me asusta. —Bien —noto que aprieta la mandíbula, que sus nudillos se han tornado casi blancos aferrados al volante. ¿Le ha molestado mi contesta? —Quizás si me quede en su

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