Al abrir los ojos, me veo en el sofá, recostada como cuando tomo una siesta, con una mano en el pecho y la otra laxa a mi lado. Trato de rebobinar en lo sucedido, no lo consigo sino hasta recuperar la lucidez. Las luces están encendidas. Lo ha hecho de nuevo. Y se ha ido otra vez, como un maldito fantasma. Juega conmigo, me asusta, pero no va más allá de advertencias o amenazas y de actos como este. Nunca está cuando despierto. ¿Qué clase de loco es? Uno muy loco, de seguro. Aturdida, me levanto tomándome la cabeza entre las manos. Agarro la nota y la rosa, con cuidado. Si no ha usado guantes, allí deben de estar sus huellas. Nada pierdo con intentarlo. “O seguro solo encuentran las tuyas, tontita”. —Encontrarán las de ese monstruo y guarda silencio, que no he pedido tu opinión

