18 de Abril, 2022.
Hora: 10:00 AM.
Ciudad de New York.
—¿Y si él me hace daño?
Silencio.
Se miran entre ellos.
El más corpulento se aclara la garganta.
—Debes entender que no podemos proceder si no hay algún indicio de abuso o amenaza.
—¿Y la nota? Eso es evidencia, ese sicópata me amenaza y ¿me dicen que no van a proceder? —gruño.
—Señorita Clark, lo sentimos, cuando su vida esté realmente en peligro, entonces haremos algo al respecto. Ahora podría tratarse de un enamorado o un tonto que hace bromas. Además solo encontramos huellas de usted en el papel. Si no hay sospechoso, no hay nada que hacer.
Otra vez lo mismo.
—Ya no me creen ¿verdad?
Ya he venido muchas veces a la policía, pero dicen que me estoy tomando a pecho, algo que no tiene importancia, que pudo haber hecho un crío.
—Es la segunda vez que vienes, mejor vuelve a casa y descansa un poco —recomienda el barbudo, un poco aburrido de mis visitas seguidas.
¿Creían que les tomaba el pelo?
Uno de ellos regresó con la rosa ensangrentada.
—No es sangre, es pintura, señor.
No puedo creerlo, yo misma he podido oler la desagradable pestilencia de la sangre.
—Una broma. —repite el ojos azules —. Insisto, debería ir a casa y llamar a su doctor.
No es posible. Cuando supieron que tengo trastorno paranoico, ahora creen que todo se trata de mi imaginación, delirios y alucinaciones. De modo que salí de la comisaría y me volví al apartamento.
Ya no puedo seguir con lo mismo. Él no puede hacerme sentir de esa manera: inestable y frágil. No me importa si nadie cree. Sé que es real. Y acabaré con él, no permitiré que el monstruo me haga su presa.