Mi nombre es Karina Córdova, tengo 23 años y a pesar de mi corta edad soy jefa del departamento de finanzas en una de las empresas más importante en la ciudad de México.
La mayoría de las personas a mi cargo son hombre entre sus 30 y 45 años razón por la cual recibo mucha atención masculina, bueno excepto un joven que acaba de ser contratado, se llama Alejandro, tiene 27 años, es alto (1.92 aproximadamente), piel clara, cabello castaño al ras, cuerpo atlético, pero sin exagerar, manos grandes y según me dijeron será mi nuevo asistente personal. (Mmmm, nada mal).
Me gusta es bastante guapo el chico y por lo que he visto hasta hoy es bastante amable y educado. Además de no verme como el resto de los hombres del departamento, como si fuera carne de cañón, con esa cara de necesitados, libidinosos, que no saben cómo quitársela, ni disimular.
Tiene una semana de haber llegado y aún no hemos interactuado directamente, solo nos hemos encontrado unas cuantas veces, ya sea en el comedor, en el ascensor o en el área de preparar café, pero desde que lo vi me llamo la atención, con esa carita de niño bueno y esas sonrisa torcida, además de los hoyuelos que se forman a los costados de sus carnosos labios cuando ríe, simplemente llama la atención de cualquier mujer. Y ya está decidido este chico de ojos color miel estará entre mis piernas, muy buenas piernas cabe recalcar.
El viernes al terminar la jornada laboral al subir al ascensor me encontré con él, se veía súper mono con ese traje n***o hecho a la medida, para mi buena o mala suerte después de mi subieron los demás empleados de la planta, lo cual me cohibió un poco y ya no pude hablar con él, no es que sea tímida pero tampoco quería dar píe a chismes.
Dos plantas más abajo el ascensor se llenó por lo cual nos tuvimos que pegar para que cupieran un poco más, razón por la cual mi espalda quedo pegada al pecho de Alejandro, era tanta la cercanía que por más bajo que fue su murmullo alcance a escuchar la maldición que lanzo, e inmediatamente empecé a sentir como una parte muy al sur de su cuerpo fue tomando vida propia, por inercia y sin ser demasiado obvia me hago un poco más atrás, generando una ligera presión en su m*****o, poniendo atención a la cantidad de improperios que lanza al vacío. Más pronto de lo que me hubiese gustado, el ascensor se detuvo en la planta baja, empezando a vaciarse por completo, al parecer todos tenían prisa, claro excepto, Ale y yo. Como mi lado juguetón salió al ataque, me encargo de presionar por última vez mi espalda baja a su erección antes de bajar no sin antes girar y regalarle un pequeño guiño al causante de mi calentura, dejándolo con una erección de campeonato y la respiración a mil, sin querer, ni planearlo el destino dio inicio a mi plan para “Seducir A Mi Nuevo Empleado”.
Al inicio de la semana al llegar a mi oficina me encuentro con Alex en su puesto de asistente, al parecer no sabía quién sería jefa o no esperaba encontrarse conmigo, pues se quedó con la boca y ojos abiertos, casi sin poder respirar. En ese momento decido que por ser su primer día a mi cargo me comportare y espera hasta mañana para empezar a enloquecerlo, hoy seré estrictamente profesional.
Paso a mi oficina y como buen mozo inmediatamente me sigue:
-Buen día señorita Córdova, soy Alejandro Aguilar, seré su nuevo asistente, estoy para servirle y usted dice por donde iniciamos.
-Buenos días señor Aguilar. Contesto con superioridad, dejando desde este momento bien claro quién manda, mientras en mis adentros pienso, por supuesto que estas para servirme y no sabes de qué forma.
Después de darle todas las instrucciones de lo que tenía que hacer, nos dedicamos a trabajar, me apoyo haciendo algunos de los balances que tenía pendientes, al igual que sus respectivas gráficas, como dije el día fue estrictamente laboral, deje de lado mis coqueteo, bueno al menos de mi parte, ya que al parecer Alex estaba dispuesto a conseguir algo, ya que aprovechaba cada oportunidad que tenía para rozarse con cualquier parte de mi cuerpo cosa que ignore deliberadamente, yo no sería su juguete s****l, al contrario lo aria desearme tanto y tan fuerte que al final el y su amiguito terminarían de rodillas, rogando por un poco de mi atención.
Durante el resto de la semana me vestí de la forma más provocativa posible, faldas cortas y blusas que dejaran a la vista la V de mis senos, cosa que captaba su atención nada más llegaba, pero como toda mujer sabia quería hacerlo perder la cordura.
La ropa aunada a pequeños y sutiles coqueteos, guiños de ojos, besos de saludo bastante sugerentes, así como roses constantes con cualquier parte de su cuerpo estaban logrando su cometido
Lo tenían al borde de la locura, cada que me acercaba a él podía presenciar el cambio en su respiración y aunque hacía de todo por ocultarla podía ver el despertar de su erección, y yo ya no podía esperar más, o a que el diera el siguiente paso, lo deseaba con desesperación.
Pasadas unas semanas ninguno de los dos podía ocultar, la atracción que había entre ambos, las miradas cargadas de deseo y la tensión s****l era palpable no solo por nosotros todo el departamento se daba cuenta, que buscábamos cualquier pretexto para tocarnos y estar cerca del otro, tanto que más de uno se acercó intentando coquetear o tocar mis pequeños pechos, creyendo que estaba tan caliente que no notaria quien me tocaba. Terminaban con un regaño monumental y una sanción por acoso s****l además de un acta en recursos humanos, claro menos Alejandro, él tenía carta blanca para tocar todo lo que quisiera.
No sabría decir si fue buena o mala suerte que al final de la jornada nos tuvimos que quedar a resolver unos problemas en un balance que no se podían dejar para después. Mientras pasaban las horas el ambiente se iba cargando cada vez más de sensualidad y ya no sabía si era el clima o nosotros pero estaba empezando a hacer bastante calor. Tanto que no lo soporte y empecé a sacarme el abrigo.
Unos 5 minutos después Alejandro hizo lo mismo, agregando a su abrigo la camisa ya que esta era manga larga y un poco gruesa. Quedándose solo en una camiseta de manga sacada, dejando ver sus brazos. Me quede embobada, y con ganas de tocar, que pronto me sacaría.
Como el calor ya era insoportable y mis piernas estaban empezando a transpirar, además ya estaba decidido ese día tenía que explotar todos mis atributos y conseguir tener a Alex entre mis piernas. Empecé a quitarme mis medias, bajo su atenta mirada, una mirada cargada de deseo que me recorrió de pies a cabeza, deteniéndose por demasiado tiempo en mis pechos, que comenzaron a erguirse al recibir toda su atención.
Una sonrisa perezosa cruzo su rostro al percibir que mis pezones se irguieron, y su entrepierna empezó a crecer. Rápidamente me acerque tomando con fuerza su erección y dándole un apretón que lo hizo gemir demasiado alto. Me tomo de la cintura acercándome a su pecho mientras comenzaba a besar mis labios, primero mordió el labio inferior, pasando su lengua por él, para después repetir la misma acción con el labio superior. Abrí mi boca dándole acceso a su lengua, haciendo que se encontrara con mi lengua en un beso húmedo, el choque de estas era impresionante, como si hubiesen estado deseando encontrarse por mucho tiempo.
Respirar empezó a costar trabajo, nos separamos aun tocándonos, sus manos ya estaban estrujando mi trasero de una manera tan sensual y placentera que cuando lo dejo de hacer para desabotonar mi blusa casi lo golpeo, lo salvo que al desabrochar el primer botón dio un beso acompañado de una succión en mi cuello, cada que desabotonaba uno repetía el proceso, desabrochar, besar chupar. Hasta que termino con todos, tomando al final la blusa y lanzándola en algún lugar de la oficina, en ese momento ni si quiera me importa donde terminara mi ropa. Que en tan solo un sujetador de encaje color rojo.
Como él solo estaba en camisa de manga sacada me encargue de retirarla, tirándola al suelo y tocando todo su torso en el proceso, esparciendo besos húmedos por su pecho. Sus manos eran bastante juguetonas y hábiles, un rato estaban en mis tetas y al siguiente recorriendo todo mi cuerpo hasta encontrar el botón trasero de la falda gris, que siguió el mismo rumbo que su pantalón.
Ninguno de los dos había dicho palabra alguna y creo que no eran necesarias, nuestras miradas hablaban por si solas, no solo se trataba de atracción s****l, había algo más, no sabría decir que era pero definitivamente no eras solo sexo.
Afortunadamente ese día había decidido ponerme el conjunto rojo cereza de la perla, que era uno de los que mejor me quedaba, haciendo resaltar mis glúteos muy bien formados, gracias a las horas que pasaba haciendo spinning.
Me quede viendo como su polla, se alzaba cada vez más pidiendo a gritos ser liberada de esa prisión, mejor conocida como el bóxer de licra color azul que portaba Alejandro, así con tan solo esa pequeña prenda se veía aún más sexy.
Mi mirada viajo a su cara encontrándome con una hermosa sonrisa acompañada de un ligero sonrojo que me sorprendió y me excito sobremanera, acercándome de manera provocativa tome el elástico de su bóxer, bajándolo lentamente, dejando la tarea a una sola mano mientras que la otra subía y bajaba lentamente por su pene ejerciendo cada vez más presión sobre él, arrancando roncos gemidos de su garganta, tomo con una de sus manos la mía y empezó a dar un poco de velocidad a la masturbación, mientras su otra mano se perdía entre mis muslos, corriendo mis bragas a un costado, tocando mi sexo, primero recorrió los labios, recogiendo un poco de la humedad que se estaba generando entre ellos, un gemido broto de mis labios cuando saco su mano, el cual se volvió más fuerte cuando llevo está directamente a su boca, absorbiendo hasta la última gota del flujo que había sacado mí.
Casi tomo su mano y la meto en mi propia boca, su acción fue tan ardiente que un torrente de fluido salió de mi v****a humedeciendo más si es que eso era posible, soltó la mano con la que me ayudaba a masturbarlo y llevó ambas a los costados de mis bragas, creí que las bajaría pero al parecer era demasiado para él, cuando menos pensé sentí un fuerte tirón, me rompió mis bragas favoritas.
Me atrajo hacia el enredando sus brazos en mis caderas, haciéndome soltar su erección, busque su boca para fundirnos en una ardiente beso, el choque de sus labios y los míos, el encuentro de su lengua y la mía en una lucha interminable estaba acabando conmigo. Me tomo en sus brazos haciendo que enredara mis piernas a sus caderas, creando fricción entre nuestros sexos urgidos de atención, creí que caería en un estado de combustión espontánea, sentía todo mi cuerpo arder, las mejillas sonrojadas y una pequeña gota de sudor recorrer entre medio de mis pechos. Alejandro apretó mi trasero acercándome más a su pene la sensación de sentirlo así de cerca era indescriptible, mi clítoris aclamaba por un poco de atención, la cual le fue otorgada casi como si hubiese leído mis pensamientos, su mano se encargó de estimularme hasta llevarme a un punto sin retorno que me llevó a explotar en el más delicioso de los orgasmos hasta ahora. Aun cargándome me llevo hacia el escritorio que estaba en un costado de la oficina, recargando mi espalda baja en el dejando mi trasero al aire. Y estimulando mis pechos sobre la tela del sujetador, los humedeciéndolos hasta fue sacándolos de su escondite, beso, mordió y succiono mis pezones como si de un dulce se tratase, hasta que se dio por saciado. Hizo su camino besando desde mis senos hasta llegar a mi ombligo, el cual chupo ligeramente, para después soplar sobre él.
Mi cuerpo se retorcía debajo del suyo, muy en eso se suponía que el juguete seria él, pero no me importó estaba disfrutando como niño en dulcería, y no quería que parara, subió a mi boca besándome con fuerzas renovadas, haciendo un camino de mi mandíbula hasta llegar a mi oreja, succiono el lóbulo de este mientras susurraba “ahora si viene lo mejor” de una sola estocada dejo ir su gran m*****o, en mi apretada v****a, que aunque estaba completamente dilatada, dolió un poco arrancando un grito desde lo más profundo de mi ser, dolor que inmediatamente fue sustituido por gritos de placer, nunca habían salido tantas malas palabras de mi boca como en ese momento, “ así cógeme papi” “dame más duro” “follame” “oh si” “dios mío” ”maldito hijo de perra “eso es todo lo que tienes” y un sinfín más de expresiones sin sentido fueron dichas por ambos, algunas menos amables que otras, pero todas causaban que nuestra excitación fuera en aumentó.
Las constantes embestidas que Alejandro se hacían cada vez más rápidas, al igual que mis movimientos de cadera para encontrarnos. En un rápido movimiento Alex nos arrastró hasta la silla del escritorio sentándome a horcajadas sobre el sin retirarse de mi interior en ningún momento, haciendo que las envestidas proporcionadas fueran más profundas y placenteras.
-date la vuelta. Me ordeno. Me levante de su regazo dándole la espalda. Me dio un beso en una de mis nalgas, jalándome hacia abajo volviendo a introducir su pene en mi v****a, llevando una de sus manos a mis senos mientras la otra se dirigía a mi clítoris. Mi espalda rosaba con su pecha y mi trasero con su pelvis mientras su m*****o entraba y salía a un ritmo constante. Haciendo que mi cuerpo se tensara con cada envestida.
Ni siquiera me di cuenta cuando llevo mis piernas hacia atrás haciendo que se entrelazaran entre sus pierna mientras se ponía de pie y nos llevaba hacia el sofá que estaba a lado, me hizo arrodillarme mientras seguía entrando y saliendo de mi interior, estimulando mis pechos y clítoris. Ya no podía mas, mi cuerpo se tensó completamente pidiendo ser liberado, mientras Alejandro aumentaba el ritmo de sus embestidas hasta lograra que estallara. Un alarido salió de mi pecho al mismo tiempo que un torrente caliente empezó a caer por mi espalda, hasta rodar por mi trasero y finalmente terminar entre mis muslos.
Ninguno de los dos dijo nada solo empezamos a reír como idiotas, entendiendo que era el inicio de una muy buena relación laboral y muchas salidas tarde por “errores de balances”.