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1127 Palabras

Pasé mis manos por su cabello. —Lo entiendo —dije suavemente, sintiéndome aún más culpable ahora que tenía una explicación para su repentino cambio de humor ese día. —En realidad nunca te cortaste el cabello —dije riendo—. Aquel que me hizo encontrarte. —Eres libre de arreglarme —dijo, acariciando su barbilla. —No, me encanta tu cabello así de largo y tu barba, aunque pica. Eres como un hombre de las cavernas guapo —bromeé. Thaddeus frotó su nariz contra la mía. Me encantaba. Los hombres lobo lo hacían todo el tiempo para mostrar afecto entre parejas y a veces a miembros cercanos de la familia. Yo siempre quedaba excluida de ese tipo de cosas. Mis padres acariciaban el hocico de mis hermanos cuando éramos niños y me miraban con disgusto y me ordenaban que fuera a limpiar algo. Una hij

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