Llegamos a la gran y lujosa mansión, que en la reja de entrada tenía escrito ORANG en letras de oro además de tener un gran jardín. Bajamos del auto y tocamos la puerta gigante, nos abrió la señora Orang. - ¡Oh April! estás hermosa — me abrazó como si hace 100 años no me hubiera visto — hijo ¿cómo estás? Tu... Tú también estas guapo y se te ve muy feliz — intentó besarlo pero él se retiró. Este hecho me enfureció, lo tomé de la mano y nos alejamos de ella - Me puedes decir ¿por qué eres tan grosero? Tu madre sólo te está saludando y aunque no lo quieras hacer, tú solo por cortesía debes corresponderle. - Oye... Tú no sabes nada y... - Si — lo interrumpí — no sé nada, pero te haré saber algo, si te sigues portando así con tu madre, no m

