Estoy nerviosa. Lo reconozco. Claro que no se lo digo a ellos pero sí que lo estoy. Ese par de ojos me mira esperando que diré y puedo ver en los de Oscar una profunda inmoralidad, pura desfachatez. Mientras el otro luce entre asustado e inexpresivo. Es una mezcla rara. Como si tuviera miedo a algo y luchara para no mostrar emoción alguna en su mínimo lenguaje corporal. Me pongo de pie, abro las manos sobre el cristal de la mesa sintiéndome super observada por ambos hombres y haciendo una breve inclinación digo: —Si Oscar Linguinni estará pululando por la empresa trabajaré desde mi casa. Las cejas de ambos se alzan y creo que no se lo esperaban. Yo tampoco pero ya es más de una ocasión en el día en que le tengo delante y no puedo existir con normalidad con este tipo delante de mi. —Pu

