8. Encuentro con un hombre atractivo

1576 Palabras
8. Encuentro con un hombre atractivo Camille Quedé devastada al leer el mensaje. No, no. No puedo y no quiero dejar de ir a la academia. La frustración y la impotencia salen a tropel en forma de lágrimas amargas. Yo cumplí con lo que quería mamá y ahora me he quedado sin nada. Sé que no va a regresar hasta que Sabine se gradúe y papá va a desligarse de todo y mientras tanto, yo me quedaré sin poder ser admitida. Esa noche lloré como nunca lo había hecho. Me sentía completamente derrotada. Al fin habían logrado quebrarme, dándome en el punto que más me dolía. En lo único que tenía: mi escape a través del dibujo. No supe en que momento me quedé dormida, pero cuando desperté, los ojos me ardían por haber llorado tanto. Me levanté y fui directo a la ducha. Tenía que llegar a la escuela, pues estábamos a punto de terminar el semestre escolar y solo faltaban unas cuantas clases y dos exámenes que eran muy fáciles, pero aún así, no podía faltar. Me di un baño rápido y me vestí de prisa y cuando estuve lista, bajé rápidamente. El chofer me dejó en la entrada como de costumbre y al llegar, mi amiga estaba en la puerta del aula. —-Aummmm…tengo sueño. —Es lo primero que me dice y no puedo evitar reír al verla. —Pareces un león que va a comerme cuando bostezas así, jajaja. —La chica hace un mohín y me tira una bola de papel que traía en la mano. —Tonta, tengo sueño. Ayer había muchos clientes y llegué tarde a casa. —Lo que me dice me recuerda que acaba de empezar a trabajar. —Es cierto, ahora trabajas pero no me has dicho donde. —Caminamos hasta la cafetería y pedimos algo, pero para sorpresa, mi amiga me invita el desayuno. —Pues, trabajo de mesera en el restaurante de un conocido de mi madre. Me dio la oportunidad y aproveché. Sus palabras me inquietan de cierta manera. Tal vez si yo consigo un trabajo durante el tiempo que esté sola, pueda pagar mi escuela. —Marcela…¿Crees que yo pueda trabajar ahí también? —Veo que me mira con asombro y no dice una palabra. —¿Estás loca? Eres una niña rica. —Sus palabras me lastiman. ¿Una niña rica? Solo soy una huérfana jugando a vivir entre personas a las que no pertenezco. —No, no lo soy y lo sabes. Conoces muy bien mi situación. —Guarda silencio ante lo que digo, porque desde que nos conocemos, sabe bien lo que he pasado en esa casa y en esa familia. Lamentablemente tienen mi custodia ante el estado y mal que bien, me han dado una vida decente, pero nada más. —Perdón amiga. Mira, hoy que vaya , le preguntaré al dueño. Si me dice que sí, mañana me acompañas para que te conozca. Lleva tus papeles por si quiere hacerte una entrevista y si te acepta, lo más seguro es que ingreses mañana o pasado mañana y podemos pedir el mismo turno. ¿Qué dices? El nuevo entusiasmo que veo en la carita de mi amiga me da mucha ternura. Desde que nos conocemos, ha estado para mí, eso no puedo negarlo. Así que me permito entusiasmarme con ella. Cuando regreso a casa, vuelvo a intentar hablar con mamá, pero no lo consigo. O nadie está disponible, o apagaron los teléfonos o me bloquearon. Así de sencillo. Me siento muy triste de no poder asistir a la academia, así que saco mi cuaderno y comienzo a dibujar. Es la única manera de calmar mi ansiedad. Dibujo y dibujo sin parar, todas las cosas que pasan por mi cabeza. Cuando siento que me he calmado, observo la gran cantidad de bocetos. Doy un largo suspiro y los guardo en la caja que tengo para ello. Al abrirla, me doy cuenta de que ya hay muchos y tal vez sería bueno deshacerme de algunos más antiguos, pero cuando lo voy a hacer, me arrepiento. En cada uno de ellos hay un pedacito de mi corazón, así que solo coloco los nuevos y la vuelvo a cerrar. Me tiro en la cama y comienzo a rezar como me enseñaron en el orfanatorio. Me arrodillo al lado de la cama, coloco mis manos en modo de oración y cierro los ojos. «¡Por favor Dios, que me den el trabajo! No pido que me regalen nada, solo que se presente la oportunidad. A cambio seré una buena persona. Amén.» Me levanto del suelo y me tiro en la cama. Tomo mi teléfono y comienzo a revisar las rds sociales. Soy una masoquista, así que busco la cuenta de Sabine. Sonrío de lado al ver las hermosas postales donde posa. Se nota que está feliz, disfrutando lo que me pertenecía y entonces, como un deja vu, las palabras que pronunció de niña y lo que me hizo prometer, me recorre la espalda en un escalofrío. «Si creo que algo debe pertenecerme, debes entregármelo…¿lo prometes?» Y yo acepté. Ahora solo me queda resignarme y dejarlo pasar. Ellas no van a seguir pagando mi escuela, así que tengo que conseguir ese trabajo o algún otro. Entonces, recuerdo el sobre que mi padre me entregó. Corro a buscarlo en mi cajón y lo abro. Cuento el dinero y veo que es suficiente para pagar mi mensualidad de este mes. Respiro aliviada por el momento. No tendré cena de navidad, ni algún regalo, pero no es necesario. Tengo ropa linda y puedo salir a algún lugar barato. Los lujos no son tan necesarios para mí, como mis clases. Me siento de buen humor después de mi hallazgo que siento un poco de hambre y bajo a la cocina para preparar algo. Desde muy chica tuve que aprender, pues de manera muy frecuente me dejaban sin comida por una razón u otra, así que bajaba cuando no me veían y me preparaba algo. Al menos eso no me lo negaban. Casualmente me encuentro a Olga que va caminando despacio al mismo lugar al que voy. —¿Se siente mal señora Olga? —La mujer levanta la cara y me mira. El odio que sentía al principio hacia mí con el tiempo se fue convirtiendo en indiferencia. —No creo que te interese muchacha. No es tu asunto. —A pesar de los años, su manera de hablarme sigue siendo la misma. —Si puedo ayudarla en algo, solo dígamelo. Estaré en la cocina. Nunca he entendido su odio hacia mí, pero he ido aprendiendo a vivir con él. No puedo cambiar los sentimientos de la gente solo porque sí, pero no deseo que en mi conciencia quede que no hice el intento. Antes marcharme por completo me detengo y volteo a verla de nuevo. —Estaré sola en Navidad, como ya lo sabe y no es necesario que se quede en casa, yo puedo cuidarla. Si quiere viajar para ver a Loreto, puede hacerlo. Me gustaría que le enviara mis saludos. La mujer se queda en silencio, sin saber qué contestar. Sé que desea ir y yo puedo cubrirla. —Está bien, iré a ver a mi hija. Está embarazada y me gustaría cuidarla. Gracias. Se marcha lo más rápido que puede y me quedo en el mismo lugar, con el eco de esa palabra en mis oídos. Es lo máximo a lo que puedo aspirar recibir de ella, pero está bien. Me doy la vuelta y reanudo mi camino. Me preparo un gran emparedado de jamón, queso y otras delicatessen y me siento a disfrutarlo. «Mañana me irá muy bien, lo presiento», pienso mientras doy una gran mordida a mi comida. **** —¿Has trabajado alguna vez en algún lugar como este? —El hombre que me entrevista luce algo rudo y no puedo evitar temblar como una hoja. Solo puedo negar, ya que las palabras no me salen. —Entonces…¿has trabajado en algún lugar? —Vuelvo a negar rápidamente. No tiene caso que mienta si me van a descubrir en la mentira. —No estoy seguro de contratarte. Marcela quiere que te dé la oportunidad, pero te miras demasiado frágil y eres muy bonita. Tengo miedo que alguien quiera propasarse contigo y como son clientes VIP no pueda defenderte. Entiendo su preocupación, pero hago un gran esfuerzo y logro decir unas palabras. —No tengo experiencia, pero soy buena aprendiendo. ¡Por favor! Deme la oportunidad, necesito pagar mi escuela. Le aseguro que no le daré problemas. El hombre parece dudar, pero hago una mirada desvalida. Nunca la he hecho, pero dicen que nunca falla y que viene integrada en nosotras las mujeres por default. —De acuerdo, te daré solo una oportunidad y espero no me defraudes. Te espero mañana a la una de la tarde. Aquí se te proporcionará el uniforme. Quiero dar saltitos de alegría, pero no se vería profesional, así que solo asiento de manera seria. Salgo del restaurante y entonces comienzo a saltar de felicidad. No me fijo cuando una persona pasa por detrás de mí, mientras doy un giro y lo golpeo fuerte con el codo. Al sentir que golpeé a alguien, me doy la vuelta lentamente y entonces, un par de ojos oscuros parecen hipnotizarme. Es el hombre más atractivo que he visto en mi vida.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR