Javiera Estaba al borde del éxtasis cuando papi me penetró. La fuerte embestida y el ardiente estiramiento me sacan del borde. Aspiro aire, intentando pensar en lo que sentí antes, en lo que espero sentir dentro de unos instantes, cuando pase el dolor. Cuando me muevo, papi me sujeta. —No te muevas—, gruñe. —O me correré antes de que empecemos. Intento relajarme. Al exhalar un suspiro, el dolor empieza a desaparecer. Mis hombros se relajan y me dejo caer al suelo. Si hemos de creer a mi abuela, esto es sólo el principio del dolor y el malestar. Si las novelas románticas son más exactas, lo peor ya ha pasado y el resto será más parecido a lo que ha sido con papi hasta ahora. —Papi—, respiro. —Por favor. —Mierda—, gime. —Nada se ha sentido nunca tan bien, tan bien como empujar más allá

