— Vamos… — comenzamos a caminar por entre los árboles — Entonces… ¿Está prohibido para la realeza el sonreír en público o algo por el estilo?
— No exactamente, es solo que debemos de mantener la serenidad — contesto, intentando caminar sin tambalearme — Por ejemplo, no podemos reír a carcajadas, solo risitas disimuladas y sonrisas cortas, sobre todo cuando las cámaras están presentes, lo cual es casi siempre…
— ¿Y por qué?
— Costumbre — contesto con un encogimiento de hombros — Siempre se ha hecho así
— Oh… pues que estupidez… — le miro — Sería mucho mejor si pudieran comportarse como cualquier otro ser humano, eso les ayudaría a que los demás les dejásemos de ver como personas snobs
— ¿Las personas nos ven mal?
— Hay muchos que los quieren, pero también hay los que no, te lo recuerdo
— Pero usted ahora me quieres — nos miramos — Es decir… ahora somos amigos
— Supongo…
Sonríe.
— Que bien
Sonrío.
— Y… — comienza a decir — ¿Por qué la loca de tu amiga estaba preocupada por ti?
— No sé… — muerdo mi labio — Porque dijo que me veía algo… “Mal”
— ¿Mal?
— Estaba escribiendo en mi diario, sobre lo de ayer y…
— Oh… — asiente con la cabeza — Es normal que te afecte, a cualquiera le afectaría ver a su novio o a su novia besando a otro
— Supongo…
Bajo la mirada.
— ¿Quieres hablar de ello?
Niego con la cabeza.
— No realmente, no creo que haya nada de qué hablar
— Por supuesto que sí — frunce el entrecejo — Niñata, tu novio te engañó, si te duele solo sácalo
— Es que no me duele, no me duele que se haya besado con otra chica
— ¿En serio?
Me mira con una ceja alzada, asiento con la cabeza.
— En serio…
— ¿Por qué…?
— Porque no lo encuentro incorrecto — Derek me miro con sorpresa — Es decir, si realmente fuese mi novio lo vería incorrecto, pero…
— Espera… ¿Si realmente fuese tu novio? — me mira con una ceja alzada — No lo entiendo, no lo son acaso
— Sí, lo somos… — contesto, soltando un suspiro — Pero no porque nos queramos o algo, es decir, no somos novios porque él esté enamorado de mí o yo de él — el chico me sigue mirando como si me hubiese vuelto loca — Su familia y mi familia firmaron un acuerdo contractual cuando éramos bebés — explico — Llegado el momento, haremos efectivo ese acuerdo…
— ¿Me estás diciendo que tu noviazgo con ese imbécil de Lorcan es arreglado?
— Lo dices como si fuese algo malo
— ¡Es que lo es! — suelta una carcajada — Realmente es algo malo y me sorprende que no lo veas, me dan ganas de sacudirte por la desesperación, me desespera que no te des cuenta que es algo malo
— No entiendo por…
— ¿No entiendes por qué? ¡¿Es en serio?! — me toma por los hombros y me comienza a zarandear, no puedo evitar reír — ¿Qué pasaría si tú te enamoraras de alguien? Él ya parece estarlo… ¿Eso no causaría conflicto?
— Supongo que sí, pero de todas formas lo cumpliré
— ¿Por qué…?
— Porque es mi deber y Lorcan es el chico perfecto para el puesto de consorte
— Eso es horrible…
Nos miramos fijamente.
— Pero así se ha hecho por años
— Sigue siendo horrible — le miro a los ojos — ¿A caso tus padres también se casaron por contrato?
— Lo acordaron cuando mi padre era adolescente, pero sí se aman y mucho — sonrío — Demasiado, la verdad…
— ¿Y eso es lo que esperabas que te pasara con el imbécil ese? — suelta otra risita, no respondo — ¿Lo hiciste?
— No quiero hablar de ello…
Miro las hojas secas regadas en el suelo.
— Lo siento… — no respondo — Ahora entiendo — le miro — Sí te afecta
— No me afecta
— No, tú intentas que no te afecte y eso hace que creas que no te afecta, pero sí lo hace, te está afectando en serio y no deberías de intentar evitar sentirte triste porque no eres correspondida y todo tu plan de vivir una historia de amor como la de tus padres, se fue al tacho
— No estoy sintiendo eso
Aprieto los puños.
— ¿Entonces qué es lo que sientes?
Nos miramos fijamente.
— Nada, no siento nada — respiro hondo — Solo enojo, porque no quiero que la prensa diga que mi novio me fue infiel y que prefirieron a la hija de una directora de escuela a la princesa heredera
— ¿Solo te interesa lo que la prensa diga de ti?
— No lo entenderías, debo de ser intachable, impecable y no quiero escándalos en mi vida
— Esto no es un escándalo…
— Claro que sí
— Que te sientas humillada y desilusionada es normal, pero no es un escándalo o el fin de tu vida, apenas tienes quince, tienes toda una vida por delante — nos miramos fijamente — Y deja de querer fingir tranquilidad cuando estás sufriendo por dentro, no es sano y te lo digo por experiencia — bajo la mirada — Y, por otra parte, es mejor que te alejes de ese lunático e intentes romper con ese compromiso arreglado ahora que sabes que él está con otra
— ¿Qué…?
— No pretenderás seguir con él después de todo lo que te conté ¿Verdad?
— No lo sé…
Nos detenemos.
— Oh…
— Es que… — muerdo mi labio — Independientemente del compromiso arreglado, hemos sido amigos durante toda la vida, no quiero perder eso…
— Por supuesto que no…
— Lo lamento
— No lo hagas, no me estás haciendo daño
— Pero él te hirió
— Sí, a mí, no a ti — baja la mirada y nuevamente la eleva — Esta es la cabaña de mi padre y por el humor que sale de la ventana, creo que está preparando café…
— No bebo café
— De lo que te pierdes — sonríe — ¿Vienes?
— Sí…
Derek me abre la puerta.
— Las damas primero
— Que amable…
Sonrío ligeramente.
— Bueno día hijo, hice un poco de paté y… — un hombre con escaso cabello y barba cana se me queda viendo — Santas calabazas… — balbucea — Yo… tú… — mira a su hijo — ¿Qué…?
— Viene a desayunar
Contesta el chico del cabello castaño rubio.
— Si es que no hay inconveniente
— Por supuesto que no lo hay
Derek hace un gesto con la mano, restándole importancia.
— Su Alteza… siéntese… — el señor Ravenswood limpia el polvo de una banca de madera — Por favor, en seguida sirvo el café y preparé paté para… — sonríe, su sonrisa es igual de atractiva que la de Derek — Comer con las galletas que trajo mi hijo de su trabajo y…
— Papá, respira, es solo una chica — se burla su hijo, el hombre suelta una risita avergonzada — Discúlpalo, quedó algo traumatizado después de la última paliza
— Lo dices con tanta normalidad — susurro, viendo el rostro del hombre, tiene una cicatriz en la ceja y una clara fractura de tabique mal sanada — Magnus y Cadmus deberían de pagar por lo que le hicieron a tu padre
— Lastima que no lo harán, no siendo los hermanos del futuro rey de Isteris
— Lorcan jamás sería rey, sería consorte, a lo mucho se le daría el título de príncipe o duque
— Que humillante
Bromea el chico del arete, ambos reímos. Pese al mal rato que viví en la mañana, justo ahora, sentada en una polvorienta banca de madera, al interior de una cabaña con ollas colgando de las paredes, me siento feliz. No puedo creer que Derek Ravenswood haya logrado mejorar mi día…
— Aquí tiene… — el señor Ravenswood me entrega una taza de cerámica con la figura de un osito abrazando el asa — Voy a traer el paté
— Esto está bonito… — miro a Derek — ¿Lo hiciste tú?
— Sí — contesta — Cuando tenía ocho años más o menos
— Siempre has sido talentoso — sonrío — ¿Por qué no te metiste a clases de arte en vez de a manualidades?
— No podría hacerle eso a Aurora — bromea el chico del arete — Nunca me he inscrito en la clase de arte
— ¿Por qué?
— Muchos imbéciles
Contesta.
— Oh… — le miro — Te refieres a que… — el chico no contesta, solo bebe un sorbo de su café — ¿Fue ahí cuando le lanzaste disolvente de pintura a un chico?
— No… — niega con la cabeza — Nunca me he inscrito a esa clase, pero en sus listas siempre hay un gran numero de chicos de Charles Dickens
— Oh… esos muchachos — el señor Ravenswood comienza a negar de forma frenética — Esos muchachos…
— Calma papá, tenemos a la princesa en casa, no nos podrán hacer nada
Bromea el chico del arete, su padre solo asiente con la cabeza. Realmente parece traumatizado o por lo menos como si algún golpe le hubiese causado daño cerebral, lo cual es mil veces peor. Derek y su padre son personas buenas, no merecían lo que les pasó, son personas que han sufrido demasiado por culpa de una bola de adolescentes que se creían con el derecho a torturarlos y creyeron que tenían ese derecho debido al estatus de sus padres. Es horrible, no puedo creer que en serio exista personas así, son personas llenas de maldad y locura.
— ¿Entonces…? — pregunto — ¿Cuándo sucedió?
— ¿Qué cosa?
— Lo del disolvente de pintura que le arrojaste al rostro a otro alumno
— Oh… — deja su taza sobre una mesa con un bello tallado — Sucedió cuando tenía diez años, más o menos — me mira — En ese entonces, el que dictaba el taller de arte era el profesor Alister Breckenridge — sonríe, una sonrisa nostálgica — Él era una de las pocas personas que intentaba detener a los alumnos cuando se metían conmigo o con mi padre… — le miro con atención — Cuando tenía siete años me rescató de una paliza y desde entonces me enseñaba arte en su oficina, me invitaba sándwiches de tomate y queso
— ¿Y que le pasó?
— Una tarde, dos de los chicos de Charles Dickens, comandados por Cadmus Darlington, entraron en su oficina y comenzaron a destrozar varios cuadros que habíamos pintado juntos — bebe otro sorbo de café — Fue ahí cuando le lancé el disolvente de pintura en la cara a uno de los imbéciles esos — explica — Quedó ciego de un ojo debido a ese incidente y luego se fracturó el cuello esquiando, el karma es una perra… — ríe — Y el profesor Breckenridge se echó toda la culpa… — termina su café — Y terminó despedido
— Oh…
— A veces se comunica conmigo por i********: — explica — Me manda fotografías de los cuadros que pinta, está en un viaje de autodescubrimiento por el mundo, viviendo de su arte y comiendo lo que le alcance… — ríe — Está muy flaco, pero se ve feliz
— Y a ti te encantaría hacer algo así
Nos miramos a los ojos.
— Sí, es mi sueño
— Quisiera tener la posibilidad de soñar… — nos miramos — Pero mi vida está decidida
— Eso es horrible
— Una razón más por las que ser princesa no es como lo imaginan
— Salud por ello
Chocamos tazas.
— El paté y las galletas están muy ricas — el señor Ravenswood sonríe, se ve algo ido — ¿Quieres hacer algo después? — miro al chico del arete — Lo que sea
— No lo creo niñata — contesta — Tengo que trabajar, los domingos trabajo todo el día para completar horas en la Tetera de Emily
— Oh… — bajo la mirada — ¿Y si voy contigo?
— ¿A la Tetera de Emily?
— Es una cafetería, puedo ir a consumir mientras tu trabajas y así nos hacemos compañía
— ¿Pretendes gastar tu dinero en postrecitos, todo el domingo?
— No tengo nada más que hacer y… — volvemos a mirarnos fijamente — Tampoco tengo a nadie con quien estar y… — sus ojos cafés tienen un brillo singular — Realmente me gusta estar contigo…