POV LENA Sigo sobre él. No sé en qué momento mi cuerpo decidió quedarse cuando mi cabeza llevaba minutos gritándome que me moviera, que bajara, que respirara. Estoy a horcajadas, con mis manos todavía en su cuello, y el mundo se ha reducido a este rectángulo de sofá, a su respiración chocando con la mía, a ese silencio cargado que no es vacío, sino expectativa. Rio no me besa. Y ese detalle —esa contención— es lo que más me eriza la piel. Sus manos empiezan a moverse despacio, como si pidieran permiso sin palabras. Primero mi espalda. Sobre la tela. Lento. Abierto. Sus dedos recorren el camino de mis omóplatos hacia abajo, marcando presencia sin invadir, y yo siento un escalofrío recorrerme entera. Me veo obligada a cerrar los ojos un segundo. Solo uno. Para no perder el control demas

