1 de enero (Lena)

3116 Palabras
POV LENA Despertar un primero de enero en la sala de mis padres no es el peor escenario, lo malo es cuando llegan los dos demonios de mi hermano Tom, Tobbias y Ty, dos niños de 5 y 6 años, que no entienden el concepto de espacio personal, igual que mi hermano Tom. —Vamos tía, arriba, prometiste armar un muñeco de nuevo con nosotros—Me dice Ty, el mas grande —Si, pero no a las 6 de la mañana—Me quejo, porque aun no hay luz solar, me levanto un poco, los abrazo a ambos y los hago acostarse conmigo, los niños ríen fuerte—Vamos a dormir 5 minutos mas —No, tía, mi papá dice que dormir es de flojos—Me dice Tobbias —¿Eso dice?—El niño ríe asintiendo, con esos ojos verdes que heredó de su madre—Entonces vayan por su padre, para que nos ayude... Los niños salen corriendo al cuarto donde están Tom y Jessica, anoche ganaron el cuarto solos, todo porque Noah borracho tiró la torre de jenga. —AAAAAHHHH LEEENAAAA— Escucho que grita Tom desde el cuarto, y sonrío con malicia, me levanto de la colchoneta, y me me giro justo para ver salir a mi hermano mayor, envuelto con una sábana, Noah también se ha incorporado y ve a Tom divertido —Jajaja, ¿Te interrumpieron, hermano?— Se burla Noah, y Tom le saca el dedo medio —¿Qué no saben que los niños no deben ver a sus padres teniendo sexo? —Es la casa de papá, cabrón, no deberías estar teniendo sexo—Dice Noah estirándose, aun divertido, y Tom lo ve mal—Además el trato fue dejarles el cuarto, no cuidar a sus hijos mientras follan —Muérete Noah—Dice Tom molesto, regresando al cuarto, cerrando la puerta con fuerza —Tom no te enojes, solo por que tus bolas se pongan moradas—Sigue Noah, pero justo entra mamá a la sala —¿Qué son esas palabras con tu hermanita aquí?—Lo riñen, y Noah sonríe de esa forma que puede derretir a cualquier persona normal, entran los gemelos en ese momento, que durmieron en el cuarto sobre la cochera. —Ay mamá, te juro que Lena, seguro sabe lo que es una ver...—Pero es interrumpido con un cojín en su cara —No sean patanes, hay mujeres aquí—Los riñe mamá y yo solo sonrío—¿Cariño? ¿Hoy vendrá Jean? —Si, creo que si—Le digo no muy segura, porque anoche no le conteste los mensajes. No es que no quiera a Jean, en verdad lo quiero, es un buen hombre, nos conocemos desde los 15 años, fuimos amigos, después el pasó lógico, novios, perdimos nuestra virginidad juntos, después nos dejamos por 1 año, nos reencontramos hace 3 años en una cafetería, y ahora estamos juntos, me gusta estar con él, es lo correcto, mi familia lo adora, y yo lo quiero, pero creo que Jean esta en un punto en el que yo aun no estoy lista. Miro mi celular, el ultimo mensaje de Jean: "Cariño, llego mañana como a las 10, amor, para que puedas dormir mas, te amo... Mamá y papá te mandan abrazos, y a tu familia" —Ah, que si viene—Le confirmo a mi mamá—Como a las 10 —Perfecto, a esa hora ya estamos todos despiertos Yo asiento, mientras Noah se pone a mi lado en la barra de la cocina. Me mira entre divertido y curioso, yo trato de ignorarlo, pero Noah tiene unos ojos demasiado hipnotizantes e intensos, a pesar de que es el único de los 6 que no los tiene claros, en lo personal, son los que mas me gustan, los tiene de un café intenso, profundo. Así que ignorarlo es difícil. —¿Que?—Le digo mirándolo directo a los ojos, el sonríe divertido —Nada, solo estoy haciendo apuestas mentales, de cuanto mas durarás con Jean —Jódete Noah—Le digo molesta—Además, ¿No se supone que te agrada? —Me agrada... digo me caga, que se coja a mi hermana, pero me agrada —¿Entonces porque quieres que termine con él? —No quiero que termines con él, creo que vas a terminar con él, cuando dejes de mentirte —Yo no me miento—Le digo, pero incluso mis palabras salen sin nada de convicción —¿De verdad?—Levanta una ceja Noah—En tres años que llevas con él... ¿Cuántas veces han dormido juntos? —¿Sabes? Si tenemos sexo... —Yo no hablo de sexo, Lena, hablo de dormir juntos, de pasar las noches, como dos personas enamoradas, abrazados...—No le contesto, uno porque no quiero, y dos, porque bien, nunca he dormido con Jean, no me gusta compartir mi espacio, nunca duermo en casa de Jean, y pocas veces lo hacemos en un hotel... y si, yo siempre me disculpo con que tengo que trabajar al día siguiente... Y Noah lo sabe, y al no recibir respuesta, solo asiente—Eso supuse —Eso no significa nada, solo me gusta tener mi propio espacio... —Lena, no te juzgo... solo que no te entiendo... ¿Por qué sigues con él? ¿Por comodidad? —Lo quiero Noah... ¿Es tan difícil de entender? —Ay esta, pequeña—Me dice tocando mi nariz, como lo ha hecho en los últimos 22 años— Lo quieres, no lo amas, y no es el hombre que te vuelve loca... Yo resoplo —¿Sabes que es una conversación deprimente para empezar el año? —Bueno bueno—Me dice tratando de aligerar el momento. Justo en ese momento me llega un correo de la empresa. Lo abro en el celular y lo que leo me provoca ponerme nerviosa. "Lena West. Hemos recibido una propuesta de trabajo, es para una empresa muy importante, y hemos pensado en ti para que los atiendas, ya que eres el mejor activo que tenemos, y creemos que puede beneficiar a tu carrera, y a la empresa, si todo sale bien, sin problemas, podemos hablar de un ascenso Propuesta de trabajo Lugar: Ginebra Cliente: Joyería Dirztan Sueldo: 8000 francos mensuales beneficios: Alojamiento, comida, gastos de transporte (en caso de requerirlo) seguro medico, seguro de vida. Duración de 6 meses a un año Si él cliente necesita hacer un viaje, tendrías que acompañarlo, tienes que llevar completamente su imagen y limpiar la que ya tiene. Es un trabajo 24/7. Bono al finalizar de 100,000 francos. Quedo atenta a tu respuesta, Lena, ya que el trabajo comienza el día de mañana tendrías que presentarte en Ginebra, en la cede de Joyerías Dirztan, y tengo que ponerte al corriente del trabajo. Un fuerte abrazo, y feliz año. Sahara Almehida" El grito que sale de mi cuerpo hace que todos se sobresalten. Y me miren con preocupación. Le muestro a Noah el correo, y sus ojos se iluminan, no puedo evitar arrojarme a sus brazos de la emoción que siento por esta propuesta —Lena esto es genial—Me abraza mi hermano con fuerza. —¿Qué sucede?—Pregunta mi madre mirándome entre curiosa, y asustada —Mamá, por fin me ofrecieron un cliente fuerte, de joyerías Driztan—Escucho la puerta abrirse, pero estoy tan feliz que no presto atención— Tengo que estar mañana en Ginebra, por máximo un año, dios, y si lo hago bien, podré tener al fin mi ascenso... Mamá es lo que siempre quise Le digo abrazándola, y ella me regresa el abrazo con fuerza. Aunque sé que mi madre quisiera que me casara y la llenara de nietos, también sé que me apoya para seguir mis sueños. —¿Te vas?—La voz de Jean, me saca de mi euforia, cuando lo miro, Jean tiene un ramo de rosas preciosas, esta de píe frente a mi, con su gabardina elegante, sus jeans que le sientan bien, y esa playera con cuello de tortuga que lo hace lucir elegante. Pero sus ojos azules, reflejan la tristeza, que la noticia le da. —Jean—Le digo, y el asiente —¿Podemos hablar?—Pregunta con educación, porque si algo es Jean es educado. Yo asiento y salimos al jardín frente a la casa, Jean dejó las flores adentro, Jessica las tomó—¿Cómo que te vas Lena? —Lo siento Jean, hoy recibí un correo de la empresa—Le extiendo el celular y el lo lee, no sé que es lo que ve, que su ceño se frunce —¿Con cual Driztan vas a trabajar? —¿Qué? No lo sé, me lo dirá mi jefa cuando le marque...—El asiente, puede ver el dolor en su rostro —¿Eso es lo que quieres Lena?—Me pregunta triste—¿Y que hay de nosotros? —¿Cómo que que hay? Pues nada, Jean, haremos que funcione—El me ve con desconfianza—Jean Ginebra solo esta a dos horas y media... —Lena, vivimos ambos aquí, y nos vemos poco por el trabajo... ¿Crees que a la distancia será mucho mejor? —Jean... Sé que es difícil, pero podemos hacerlo... ¿Si?... —¿Y sino es así? —Jean, vamos sobrevivimos a un año separados... podemos con un poco de distancia... además...—Paso saliva, porque esto no es algo que me entusiasme mucho, pero no me gusta ver a Jean triste, el ha hecho mucho, es un tipazo...—Tal vez podamos pasar fin de semanas juntos... completos... ahora si... Sus ojos se abren con sorpresa, y veo como la tristeza desaparece y da paso a la esperanza a la ilusión —¿Lo dices enserio Lena? —Yo asiento y el sonríe, de esa forma radiante, hermosa— Entonces puedo ir a visitarte algunos fines de semana... y... podemos... estar juntos... ya sabes... ir practicando por si algún día nos casamos Y ahí esta porque yo no estoy en el mismo tiempo, Jean en verdad piensa en casarse, yo no tanto, yo solo pienso en mi carrera, en superarme, en vivir mas, viajar, conocer el mundo. Pero Jean ya piensa en boda, e hijos... —Si, exacto—Le digo pero con una voz que no me convence ni a mi, pero Jean parece que solo escucha lo que quiere, porque me abraza por la cintura, con firmeza —Lena, sé que esto es un gran paso para tu carrera, pero que aceptes que durmamos juntos... es un paso enorme para nosotros, gracias, amor —A ti, por ser paciente con mis sueños. Sé que en las relaciones hay que ceder en algunas cosas, y yo estoy cediendo para compartir mi espacio con Jean, el lo hace en dejarme ir sin drama. Apenas me despedí de Jean, mis manos seguían temblando. No por tristeza, ni por miedo… sino por la magnitud de lo que acababa de pasar. Un trabajo así no se consigue todos los días. Y aunque la parte sensata de mí repetía “tranquila, Lena, es solo trabajo”, la otra mitad, la ambiciosa, la que desde niña soñaba con algo más grande que mi ciudad natal, gritaba por dentro: “¡Lo lograste!” Miro el reloj. Son casi las once de la mañana. Tomo aire y marco el número de Sahara. —¡Lena! —su voz suena cálida, firme, como siempre—. Justo iba a llamarte. —Buenos días, Sahara. Acabo de leer tu correo. —¿Y? —Acepto —respondo sin pensarlo dos veces. —Sabía que lo harías. Eres la única en la agencia que puede manejar esto. —¿Tan grave es? Sahara ríe del otro lado. —Digamos que… es un desafío con piernas largas y apellido poderoso. Me río con nerviosismo. —Entonces supongo que ya puedo empezar a preocuparme. —No, todavía no. Pero prepárate. Te envié un paquete de documentos y enlaces al correo corporativo. Revísalos en el tren, cuando viajes. Es información confidencial sobre tu nuevo cliente. —Perfecto. ¿Puedo saber quién es? —Joyerías Dirztan. —¿Dirztan? —repito, sorprendida—. ¿Como los de la campaña de diamantes “Eternity”? —Exacto. El conglomerado más grande de Europa y parte de Asia. Son los reyes del lujo, pero últimamente han tenido… problemas de imagen. —¿Problemas de imagen? —Uno en específico —dice con un tono que mezcla cansancio y diversión—. Se llama Rio Dirztan. Anoto el nombre en mi libreta aunque ya se me quedó grabado. —¿Es el presidente? —No, el heredero. —¿Y qué clase de problemas tiene? —Del tipo que hacen suspirar a las revistas y llorar a los accionistas. —Ah… ese tipo. Sahara suelta una carcajada. —Sí, ese. Escándalos amorosos, titulares sensacionalistas, modelos llorando frente a cámaras diciendo que él las usó y las dejó. —¿Y qué tengo que hacer yo con eso? —pregunto, aunque la respuesta ya me da vueltas en la cabeza. —Limpiarlo. —¿Limpiar su reputación? —Exacto. Tienes que convertirlo en el ejemplo perfecto de responsabilidad, estabilidad y elegancia. Que pase de ser “el heredero rebelde” a “el rostro confiable del imperio Dirztan”. Siento cómo mi estómago se aprieta. No es miedo. Es emoción pura. Es el tipo de reto por el que estudié, por el que trabajo desde los 18, el que puede cambiar mi carrera para siempre. —Sahara… es un proyecto enorme. —Lo sé, por eso te elegí. Tienes la disciplina, la ética, la paciencia… y la cara dulce que hace que los hombres te subestimen. —¿Eso último es un cumplido? —Claro. Úsalo a tu favor. Ambas reímos. —Mañana llegarás a Ginebra. La empresa cubre el hotel por los primeros dos días, el 1 y el 2 de enero. El 3 puedes instalarte en un departamento. Te envié varias opciones que ya fueron aprobadas por el cliente. Todos los gastos están cubiertos: alojamiento, transporte, comidas y seguro médico. —¿Todo? —Todo. Pero hay una condición: este trabajo es 24/7. —Lo imaginé. —Tendrás que acompañarlo a eventos, reuniones, viajes, cenas. Básicamente, serás su sombra. —Perfecto. —Y la primera semana, quiero que solo observes. Nada de intervenir todavía. Estudia su comportamiento, su entorno, las personas con las que se rodea. Toma notas. Luego empezaremos con los ajustes. —Entendido. —Y Lena, un detalle importante: tu contacto directo será Killian Dirztan, el patriarca. Él fue quien contrató nuestros servicios. —¿El abuelo del heredero? —Exacto. Pero tu trabajo no será rendirle cuentas a Killian, sino manejar a Rio. —¿Manejarlo? —Sí. A partir del día dos, él te reportará directamente a ti. —¿Perdón? —pregunto sorprendida. —Tal cual lo oyes. Oficialmente, tú eres su asesora de imagen y supervisora de relaciones públicas. Él tendrá que acatar tus indicaciones. —¿Y si no quiere hacerlo? Sahara ríe otra vez. —Oh, querrá. El acuerdo con su familia depende de eso. No te preocupes, está en el contrato. —Aun así, suena a que no será fácil. —Nada que valga la pena lo es, Lena. Anoto todo: nombres, fechas, instrucciones. Mi corazón late rápido. Me cuesta mantener la calma, pero sonrío. —Gracias por confiar en mí, Sahara. —No me agradezcas todavía. Agradece cuando logres que el playboy millonario deje de salir en los titulares de escándalos. —Haré lo que sea necesario. —Eso espero, porque este hombre tiene una reputación… intensa. —¿Tan mala? —Depende de a quién le preguntes. A las revistas, irresistible. A los inversionistas, insoportable. A las exnovias, un demonio con traje caro. Me río. —Qué bonita descripción. —Sí, suena a diversión garantizada. Pero quiero que recuerdes algo, Lena: no estás ahí para admirarlo, ni para juzgarlo. Estás ahí para controlarlo. —Entendido. —Y confío en ti porque sé que eres la persona menos impresionable que conozco. —Gracias, Sahara, eso suena a que tengo cero carisma. —Exacto —responde divertida—. Y eso te salvará. Miro por la ventana de la cocina. Los niños están jugando con la nieve en el jardín. Mi madre habla con Jessica, y Mark, dentro de la casa, probablemente piensa en nuestra “nueva etapa”. Mientras tanto, yo estoy aquí, firmando el inicio de algo que, lo sé, cambiará mi vida. —¿Algún consejo final? —pregunto. —Sí. No te dejes intimidar. Rio Dirztan es de esos hombres que creen que pueden comprar el respeto. Pero tú no se lo vendas: haz que te lo gane. —Suena fácil dicho así. —Lo será si recuerdas quién eres. —¿Y quién soy? —La mujer que va a poner de rodillas a un Dirztan sin quitarse los tacones. No puedo evitar sonreír. —Eso suena… alentador. —Y otra cosa —agrega—: ten paciencia con él. No es un monstruo, solo un tipo que nunca escuchó un “no” en su vida. —Entonces será mi placer ser la primera. Sahara ríe con fuerza. —Sabía que ibas a decir eso. Anota algo y luego agrega: —Te enviaré los accesos a la carpeta de seguimiento. Tendrás fotos, artículos, historial de prensa, extractos de entrevistas, agenda semanal y el manual de protocolos de crisis. —Perfecto. Lo revisaré todo en el tren. —Bien. Descansa hoy, empaca lo necesario y vete temprano. En la recepción del hotel te esperará un sobre con tus acreditaciones y el pase para entrar a la sede Dirztan. —Entendido. Por un momento, ninguna habla. Solo se escucha la respiración entrecortada de ambas al otro lado del teléfono. Sahara rompe el silencio. —Lena. —¿Sí? —No te olvides de algo. —¿Qué cosa? —Tú no vas a adaptarte a su mundo. Él tendrá que adaptarse al tuyo. La frase me queda flotando, como una orden grabada en la piel. —Lo recordaré —respondo, con una sonrisa que ella no puede ver, pero siente. —Eso espero. Ahora ve y haz historia, West. La llamada termina. Y mientras me quedo mirando la pantalla del teléfono, pienso en ese nombre: Rio Dirztan. No lo conozco aún. Pero ya puedo sentir que ese nombre… va a darme más trabajo del que imagino.
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