Ana
El seguía hablando, pero no le tome atención, sé que es loco lo que me propuso, pero no tengo nada que perder, no tengo a quien responder mas solo tengo dos mascotas que alimentar, en la vida que he vivido nunca tuve la oportunidad de elegir y siempre fue la decisión de otros, quienes definieron mi destino el nacer, ser abandona y ser adoptada.
Pero ahora decido yo.
¿Qué tengo que perder?
Nada
El no parece mala persona y no sé porque me propone esto, pero eso a mí no me importa, no voy a negar que me impresiono su presencia, sus hombros anchos, sus músculos, su mirada profunda, su cabello n***o como la noche. Tomare el riesgo.
— Aceptó a casarme con usted — digo con seguridad.
Él se queda callado unos minutos, veo sorpresa, en su mirada.
—Creí que sería más difícil — dice, pero parece que no me lo dice a mi si no a él —bien Ana, tienes alguna pregunta.
— ¿Cuándo nos casamos?
— Hoy, no tengo tiempo de ceremonias, sólo firmaría algunos papeles— y así sin más en unas horas seré una mujer casada.