Caesar Hertford No puedo creer que realmente vaya a casarse con ese imbécil, no es ni la mitad de hombre que ella merece, solo necesito tiempo con ella, necesito que estemos solos y estoy seguro de que puedo convencerla de dejar toda esta farsa. Tiene esa gran sonrisa que solo debería mostrame a mi mientras parte un pastel junto a su prometido. Me escabullo entre los invitados para seguirla, con mi rebanada de pastel en mano, no tengo intenciones de probarla, desde aquella vez nada me sabe bien, nada sabe tan dulce como sus labios mezclados con el sabor a fresa del pastel. Finalmente se detiene en un pasillo poco iluminado, está alejado de la fiesta, después de pasar tanto años en esta casa se que este pasillo da al cuarto de lavandería un lugar donde sin duda nadie buscaría. Recarga

