Capítulo Diecinueve El condón tiene sabor a fresa. Los kiwis me parecen sorprendentemente realistas cuando los sostengo, aunque extrañamente separados al no tener escroto. ¿Tal vez habría sido mejor que los metiéramos primero dentro de un globo? La música se detiene. Yo sigo adelante. —¡Para! —Fabio suena irritado. Yo me aparto. Él se cruza de brazos. —¿Qué ha sido eso? —¿Una mamada? Él menea la cabeza. —¿Y dónde estaba el sentimiento?¿Dónde la emoción? ¿Has oído una sola palabra de lo que te he dicho? Yo meneo el p**o de Bill. —Es difícil que surjan sentimientos y emociones cuando le estás dando placer a un maniquí sin cabeza. —Entonces piensa en otra persona —me dice—. Tienes imaginación, ¿verdad? Esa es una buena idea. Regreso al p**o del maniquí, cierro los ojos y me ima

