CAPITULO 55

2094 Palabras

NARRADOR La mano del verdugo fue a parar en la mejilla ya llena de sangre de Narsés quien a pesar de estar siendo torturado permanecía tan firme como una roca. Sus manos apretaban fuertemente la silla sin inmutar su rostro a la bofetada, pues su cuerpo estaba duro. — ¡Suplícame piedad, persa!—Gritó el mercenario sosteniendo con ambas manos los respaldos de la silla de manera amenazante, la mirada sin sentimientos de Narsés se encontró con los ojos negros del hombre. —Jamás—Narsés escupió en su dirección en señal de desagrado. Al pasar por el campamento macedonio las cosas se salieron de control, al parecer no eran comerciantes si no mercenarios que no dudaron en matar a sus hombres de manera despiadada, si hubiese sabido que eran asesinos preparados hubiese ideado un plan. —Usas ropa f

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