El diablo con cuchillos

2104 Palabras

MAURICIO — Tengo que irme. —Alina estaba pálida por la llamada que tuvo con lentes de lupa. Tomó su bolsa de mano del perchero que el mesero le había puesto a un lado. La tomé del brazo con suavidad y la atraje de vuelta a su asiento. — Si sabes que no estás sola ¿verdad? —le pregunté. Ella me volteó a ver con la preocupación cargada en su rostro. — ¿Escuchaste la conversación? —Me dijo con un hilo de voz. Asentí con suavidad. — Entonces sabes que tengo que ir. — De ninguna manera. Ni loco voy a dejar que vayas con ese enfermo. Sentí como su cuerpo se tensó. — No puedes pedir eso Mauricio... —comenzó a reprochar. Le puse un dedo sobre los labios. — Nunca dije que te olvides de tu mamá, pero no vas a ir tú. Déjalo en mis manos. ¿Confías en mí? —le besé la mano. Hizo un puchero d

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