MAURICIO Desperté por la mañana abrazado a mi mujer. Lo primero que hizo fue ver el reloj que marcaban las seis en punto de la mañana. Me debatí por un momento en levantarme para hacer mi habitual ejercicio o hacer cardio con Lina. Al final me pareció que la última opción era la mejor, por lo que no dudé en despertarla con caricias caliente. Me encantaba saber que ella también era una criatura caliente, por que no tardó en corresponderme en cuanto abrió los ojos. Los mañaneros eran lo mejor. Dos horas más tarde estaba llegando a la oficina. Lo primero que hice antes de encender la computadora y ponerme al día con todo fue hacer una llamada telefónica. — David, necesito de nuevo tu ayuda. —La mano derecha de Bruno en verdad que era una maravilla con la eficiencia que tenía. — Buen dí

