—No entiendo qué hacemos aquí —comentó Karen, un poco aterrada. Estaba buscando, una calculadora, no tenía mucho dinero, habíamos decidido venir al shopping de la capital. El problema, era un poco peligroso. Podíamos ver muchas personas de aspecto sospechosas; algunos corrían, robando algo enfrente de nuestras narices. La cuestión, aquí había un lugar donde venían calculadoras originales y a un excelente precio. —Es por la calculadora Karen —comenté. —Estás locas, puedes comprar una en un lugar más decente y ya... —No, además no te obligué a venir. —Ya sé amiga, pero que quieres que hiciera. No te voy a morir en este lugar. —¡Ya vine otras veces! —dije con exclamación. —Pues estás loca en venir un lugar así. Karen se sostuvo de mi brazo con fuerza. Yo caminaba como si nad

