—¿Entonces no puedes dormir? —Regina me pregunta mientras vierte un poco de coca sobre la isla de la cocina. Con sus uñas intenta hacer una línea recta y cuando considera que está lista, me invita—. Sabes cómo hacerlo, ¿no?
—Sí, claro —contesto antes de inhalar. Ella lo hace con su pequeña palita—, y respecto a lo otro, pues si, no puedo dormir. Con mi… —me detengo antes de decir “hermana” —, con… con mi mamá teníamos la costumbre de tomar un vaso de leche cada vez no podíamos dormir, Lo recordé cuando mencionaste lo del cereal.
—¿Y por qué decidiste acudir a mí esta vez? Dudo que no hayas encontrado leche en el refrigerador.
—Regina… es que es más que solo o poder dormir, es cansancio, estrés…
—Remordimiento —me interrumpe a lo que frunzo el ceño.
—¿Por qué debería tener remordimiento? —finjo. Ella suspira.
—Jessica, en esta casa todos saben todo de todos o… puede que David me haya contado la situación con aquella mujer —ambas reímos—, en todo caso es normal que te sientas así. ¿Viste cuando…?
—No —me apresuro a responder—, Damián me envió aquí y se quedó con ella, supongo que haciéndolo o asegurándose que lo hicieran bien.
—¿Aún no vuelve?
—No, aun no vuelve y en serio, amaría uno de sus abrazos.
—O de sus cogidas —me guiña el ojo. Yo me quedo sorprendida sin decir nada—, ¿qué? ¡no! Juro que no lo dije porque haya tenido algo con él, si es eso lo que piensas. Solo quería cambiar de tema.
—Oh… okey, lo siento —Regina ríe.
—Damián es guapo y gentil, pero quien… a quien amo es a su padre.
Tiendo a sentir pena por las personas en cuestiones del amor y no logro descifrar por qué siento pena por Regina. Es bella, hermosa, carismática, inteligente al parecer y siempre tienes algo que hablar con ella, lo que la ayuda a tener a cualquier hombre, pero al recordar lo que me dijo, lo de que se siente irrespetada, que se siente menos, me lleva a pensar que tal vez ella lo ama y él solo la desea. Desea su carne, su cuerpo, su olor, su piel, en cambio ella, desea su amor, su cariño, su comprensión, su respeto, además de solo cuerpo.
—Y estoy segura de que él te ama a ti —le contesto luego de unos minutos. Ella sonríe.
—¿Eres celosa? —me pregunta de repente a lo que yo solo la observo asombrada.
—¿Por qué me preguntas eso?
—No viste tu cara, pero querías asesinarme luego de que hice esa pequeña broma. Te veías como una leona a punto de atacarme.
—Bueno, no lo sé. Damián es el primer chico que me gusta en serio, es mi primer novio, es…
—Tu primera vez…
—Sí, exacto y no quiero, es más, no puedo ni pensar en él con alguien más. ¡Me escapé por él! Espero tener esa misma respuesta por su parte.
—Él te adora, está haciendo todo esto por ti. Es capaz de deshacerse de cualquiera por ti, por muy loco, psicópata y poco moral que suene eso. Es la verdad.
—Me siento sin nada de sueño…
—Bueno, Jessica, inhalar cocina es lo opuesto a dormir, así que creo que la hemos cagado —ambas comenzamos a reír como si hubiera dicho algo putamente gracioso. Noto que sus pupilas están dilatadas y probablemente las mías también lo estén.
—No creo poder dormir, pero al menos, no pensaré en cosas que no debo pensar.
—¿En qué cosas? —cuando estoy por responder, alguien enciende las luces. Ambas volteamos y notamos que es Damián y su padre.
Ambos notan lo que estamos haciendo y simplemente fruncen el ceño.
—Regina, son las tres de la mañana y ¿te estás drogando con Jessica? —pregunta David.
—Yo fui quien la busqué —comenta de inmediato.
—¡Tiene quince años! —comenta David. Regina no dice nada y solo se levanta, camina lejos de todos y se va.
David, no dice ni mira a nadie más y solo se va tras Regina. Damián se sienta a mi lado y toma mi mano.
—¿Por qué?
—No lo sé… solo, quería dejar de pensar.
—¿En la mujer? —asiento diciendo una evidente mentira—. Sé que las ultimas personas que deberían juzgar a los consumidores de drogas, somos nosotros, pero no quiero que lo hagas como vía de escape, ésa es solo la punta del iceberg, Por eso no quería que hablaras con ella. Sabía que esto pasaría y la única vía de escape que puedes conseguir en esta casa son las drogas.
—Lo siento, pero… no podía dejar de pensar en… bueno, no tiene caso.
—Ya está hecho, ya no tienes que pensar en nada de eso —me contesta.
—De todas formas, necesito otra vía de escape —le susurro al oído.
Acerco mi mano por su pierna, tocando el pantalón. A lo que él se relaja, como si necesitara de mi tacto urgentemente. Voy ascendiendo hasta llegar a su m*****o y lo tomo en mis manos a lo que él responde de inmediato, comenzándose a colocar erecto.
—¿Y qué ideas tienes? —susurra en respuesta.
—No lo sé, tal vez, que me recuestes sobre esta isla, boca abajo, bajes mi short y tus pantalones. Me mojes lo suficiente para que puedas entrar en mí suave y completamente. Quiero que…
Damián no me deja terminar porque, me levanta de la silla y me tumba ligeramente fuerte sobre la isla. Justo como lo dije, baja mis shorts y de paso mis panties. Escucho cómo se comienza a desabotonar sus pantalones rápidamente, necesitado. Me quedo unos segundos esperando su siguiente movimiento hasta que siento cómo pasa su mano húmeda por mi v****a, empapándola toda.
Siento cómo entra en mí, metiendo todo su m*****o y comienza a penetrarme fuertemente, golpeando su cuerpo contra el mío. Mis gemidos comienzan a ser más notorios y él se inclina sobre mí para cubrir mi boca con su mano. Las penetraciones comienzan a ser más fuertes y yo debo sostenerme de la isla por el golpeteo.
—Dios… Damián.
Mis gemidos aumentan, mi excitación es inmensa. La cocaína incremente su efecto, se acerca el clímax del momento a lo que ambos nos regocijamos en un orgasmo tentador y delicioso.
Cuando hemos recuperado nuestra respiración, me levanto, subo mis shorts y él sus pantalones y solo nos quedamos viendo el uno al otro. Al mirar sus ojos pienso en mi sueño y el por qué debí tenerlo, pienso en las vías de escape. Las drogas se sienten bien, pero él sexo, el sexo es el puto paraíso, tal vez se sienta igual o mejor sin importar con quien lo hagas. Tal vez por eso fantaseo con Alex.