Sentir como dos vibradores incrustados en su cuerpo sacudían sus adentros, era realmente magnifico, era como nadar en las aguas del infierno. Ese primer intento de introducción del aparato le había echo sentir un pánico terrible y un dolor agudo inaguantable, pero en ese segundo intento, con su orificio anal ya lubricado, fue la gloria. ¿le dolía? Su y bastante, pero nada se comparaba con ese sentir vibrante dentro suyo. Era rozar el orgasmo una y otra vez. - ¡AHHHHHHH AHHHHH! – su grito se podía oír en todo el edificio, que casualmente estaba cerrado por refacción general y el jefe había ordenado teletrabajo. Claro, ella no lo sabía porque a Santino no le interesaba que lo sepa. - ¡Ahhhhhh ahhhhhh! – sus gritos de placer eran melodía para sus oídos. Mientras ella se retorcía

