OBEDECE MIS REGLAS. El frío invierno azotaba la madrugada de Madrid. Las calles estaban completamente vacías y el aire, que se respiraba lograba congelar hasta la última gota de sangre de cualquier mortal, pero en un lugar recóndito de la ciudad, un sitio casi inexistente en el mapa la noche trae consigo una jornada de puro calor y sudor donde lo único que se puede respirar es el olor a sexo duro y salvaje que hay en cada rincón. En una de las habitaciones, una joven y hermosa abogada de unos veinticinco años se encuentra tomando una medida de licor refinado y caro, mientras reposa en el cenicero de junto un cigarro extra largo. En tanto logra observar, por el reflejo del espejo que tiene posicionado en frente, como aquel hombre intenta zafarse de las ataduras que lo tienen sujeto a la c

