Los rayos del sol la hicieron despertarse, Elizabeth se estiró perezosamente hasta que recordó que su hermano mayor había tenido una cita la noche anterior.
Se levantó rápidamente y entro estrepitosamente al cuarto de su hermano, Benjamin se sobresaltó y de un solo movimiento se sentó en la cama, Lizzy se dio cuenta que su hermano aún llevaba la misma ropa de la noche anterior.
— ¡Cuéntamelo todo! —A leguas se podía ver que Lizzy estaba más emocionada que el propio Ben respecto a la cita.
—Está bien, pero no entres así a mi cuarto Lizzy, me das unos sustos que si estoy vivo es por un milagro.
—Está bien, te lo prometo, ahora si suéltalo.
—Bueno...ayer fuim... —No terminó la frase pues Andy y Charles también entraron al cuarto obviamente para escuchar con detalle sobre la primera cita de su hermano.
—Sigue Ben —Andy le dio una mirada que solo ellos entendían, Lizzy se molestaba a veces pues ambos parecían tener una conexión sobrenatural.
—Este...fuimos al cine, pero Daniel estaba asustado, la película era muy asquerosa y me sorprende no haber vomitado.
—Me hubiera gustado ver la cara de brillitos —Andy se burlaba internamente del moreno y al parecer su rostro lo demostró, claro que eso hizo que Ben le lanzara a Andy una mirada seria.
—En fin, lo saqué antes de que le diera un ataque cardíaco, después de eso fuimos a su departamento —El mayor estaba muy nervioso, no era fácil hablar de esto.
— ¡¿Fuiste a su departamento?! ¡Benjamin Peterson dime que aún eres virgen! —Andy ahora parecía ser el hermano mayor.
—Sí, aún lo soy, llegamos a su departamento y hablamos durante un rato, y después... —el recuerdo de los besos que había compartido con el moreno lo invadían de una profunda felicidad.
— ¿Después qué? —Lizzy lo veía expectante.
Ben se llevó una mano a los labios y ahí explotó la bomba.
—Benjamin, ¿te besó? —tenía una expresión esperanzadora, no era como si él y Diane no se hubieran besado en el tiempo en que estaban juntos, pero no podía asimilar que su hermano y mejor amigo hubiese dado ya su primer beso.
—Contesta Ben, ¿se besaron? — Elizabeth se lo preguntó un tanto más comprensiva, ella si estaba feliz por su hermano.
—Si —fue lo único que respondió, provocando que Andy se pusiera rojo de ira y Elizabeth loca de la emoción.
Charles era el único que no actuaba como sus hermanos, comprendía que Ben era ya mayor y lo enorgullecía que al fin haya encontrado alguien a quien amar.
—Estoy tan feliz por ti hermanito —Charles se lanzó a los brazos de su hermano mayor quien no dudó en devolverle el abrazo y poco después Elizabeth y Andy se unieron al abrazo familiar.
— ¿Ben? —Lizzy llamó.
— ¿Si? —respondió el otro.
—Qué tal si llamamos a Diane y Steve a almorzar, puedes invitar a Daniel también para que conozca a todos.
—No es mala idea —animó Andy.
—Entonces a trabajar —demandó el pelinegro.
Lizzy daba saltitos cual niña pequeña y Andy sonreía a más no poder.
—Elizabeth llama a Steve y tú Andy a la zanahoria, yo cocinaré.
*****
Después de haber hecho lo que Ben les pidió, Andy y Lizzy estaban acomodando la mesa, Charles se encontraba leyendo un cómic en la sala.
—Ben, ¿y si invitas ya a Daniel? –ciertamente el pelinegro no había pensado en la posibilidad de que los demás conocieran tan rápido al moreno, pero no era mala idea después de todo.
—Creo que sería una buena idea —tomó su teléfono y le envió un mensaje al moreno.
"Daniel, este yo...quería invitarte a almorzar a la casa, la novia de Andy y el novio de Lizzy vendrán a comer con nosotros y pensé que tal vez tú quisieras venir, de cualquier manera que tengas un lindo día, Att: Ben"
De inmediato recibió una respuesta.
"Por mí estaría encantado de acompañarlos, pero no sé dónde vives, mándame la dirección Y ahí estaré lo más pronto posible
Att: Daniel.
Benjamin le envío la dirección con un mensaje y se puso manos a la obra en la preparación de los alimentos y con eso esperaba conquistar el estómago de Daniel.
Se colocó un mandil n***o, procedió a marinar el pedazo de carne que no era precisamente pequeño, junto con una salsa de vino tinto reducido, unos vegetales asados y de postre una tarta de arándanos con una capa de Nutella y frambuesas.
La casa desprendía olores de otro mundo, Ben en verdad cocinaba platillos dignos de admiración.
Pronto escuchó el timbre de la casa, percibió como su hermana abría la pesada puerta y reconoció la voz de Diane y Steve en el vestíbulo, sonrió para sí mismo, sabía cuan felices eran sus hermanos con sus parejas.
—Ben, ¿cuánto tiempo falta para comer? —Charles estaba sentado en una silla del comedor que estaba al lado de la cocina, sus ojos grises observándolo detrás de los cristales.
—Ya falta poco, no comas ansias.
— ¡Pero tengo hambreeeee! —demandó el pequeño.
—Pues... ¡esperaaaaa! —contestó su hermano mayor.
De un momento a otro el timbre volvió a sonar y Benjamin supo que se trataba de Daniel y lo comprobó al casi caer de espaldas ante el grito que dio su hermana al saludarlo.
—Elizabeth querida, ¿cómo estás? —escuchó que preguntó el moreno.
—Muy bien, si buscas a mi hermano está en la cocina con Charles —anunció la pelinegra.
Daniel caminó hacia la cocina, no sabía dónde quedaba pero el delicioso olor lo llevó a la dirección correcta.
Se encontró con un Benjamin en pantalones y suéter desgastados como siempre, pero con el detalle del mandil que lo hacía ver como todo un profesional.
— ¡Daniel! —el pequeño Peterson se lanzó a abrazarlo, algo muy propio de Charles.
—Hola pequeño —envolvió el abrazo mientras su vista se desviaba hacia el ojiazul quien observaba enternecido la escena que tenía ante sus ojos.
-—Hola Daniel —Saludó su ángel quien se acercó y con algo de pena le dio un ligero beso en la mejilla.
—Benjamin, sea lo que sea que estés cocinando ya quiero probarlo —alabó el moreno.
—Charles, lleva a Daniel a la mesa, enseguida llego con la comida, llama a los demás, grítales varias veces, ya sabes que cuando se meten en sus habitaciones es difícil sacarlos, por favor —el pelinegro hablaba dándole instrucciones a su hermano menor mientras él se movía dentro de la cocina sacando platos, cubiertos, cuchillos, etcétera, mientras el pequeño solo asentía.
Daniel admiró el hecho de que Ben actuara como un padre a sus cortos dieciocho años, haciéndose cargo de tres personas más, mientras él a esa edad se divertía y asistía fiestas, por lo que eso le sumaba puntos a Benjamin ante el mayor.
Daniel seguía al menor de los Peterson, se sentó en el asiento derecho, a la par de la cabeza del comedor.
Al tiempo Elizabeth bajó acompañada del chico de los anteojos que lo atendió en el restaurante el día que conoció a Benjamin, ¿Smith se llamaba?, al parecer no fue necesario gritar.
Después de ellos bajó Andy, con una chica bajita de cabello rojizo cual zanahoria y se sorprendió al reconocer a ESA zanahoria.
— ¿Diane? —preguntó alzando una ceja.
— ¿Daniel? —respondió la chica.
—Diane, ¡que gusto verte de nuevo! —se acercó a ella y compartieron un pequeño abrazo.
— ¿Ustedes se conocen? —el rubio ahora los observaba receloso.
No tuvo oportunidad de responder puesto que Benjamin se acercó a la mesa con una bandeja que contenía un trozo de carne que olía delicioso.
— ¿Quién quiere? —preguntó.
Al tiempo todos levantaron la mano.
El pelinegro se apresuró a servirles a todos y ocupó su lugar a la cabeza del comedor.
¿Podría ser que Ben no fuera de este mundo?, eso se preguntó Daniel al probar el primer bocado, era sensacional como los sabores se mezclaban en su boca, enviándole corrientes de electricidad por todo el cuerpo.
—Ben, hermano, estoy enamorado de ti – Andy lo veía con cara de un loco, todos se dieron cuenta de eso y estallaron en risas mientras Ben solo le dedicó una sonrisa ladeada.
*****
Una de las razones por las que Ben no participaba en las conversaciones de sus hermanos era porque hablaban de cosas que él no entendía, y justamente se hallaba escuchando la conversación que sostenían todos con Daniel.
— ¿Así que tú y la mamá de Diane son amigos? —Preguntó el rubio.
—Así es, prácticamente la vi crecer —contestó Daniel llamado a Diane con su habitual apodo.
De pronto Ben se perdió verdaderamente porque se pusieron a hablar de cosas extrañas.
—Daniel, ¿qué es lo que te gusta de Ben? —ésta vez Lizzy preguntó.
—La verdad, me encantan sus manos —dijo Daniel en tono coqueto.
Todos voltearon hacia Ben esperando una respuesta por parte de este.
—Emmm...Este...supongo que le gustan por ser suaves y hábiles, ¿cierto Daniel? —respondió inocentemente.
Todos incluso Charles contuvieron la risa.
— ¿Es así brillitos?
—Benjamin tiene razón, sus manos son hábiles y gráciles, no me imagino todo lo que podrá hacer con ellas —contestó el ojiverde.
—Pues, es cierto, Dorothea me ha dicho que mis manos son muy buenas para muchas cosas —el ojiazul no tenía ni idea de lo que hablaban.
— ¿Cómo qué cosas? —preguntó su hermana.
—Mmmmmmm...No lo sé, para hacer postres y amasar, y a todo esto ¿por qué preguntan? —l rostro de Ben estaba realmente confundido, los demás se ahogaba en risas al notar que el mayor de los Peterson no entendía las referencias de doble sentido.
— ¿Qué prefieres Ben, Salchichas o donas? —Steve se atrevió a preguntar.
—En realidad, me gustan más las salchichas Steve, sabes que hasta creé una receta especial con ella, y en relación a donas no he experimentado mucho en ese campo, es decir no las he preparado muy a menudo así que en ese caso me inclino a las salchichas —Ben no entendía porque todos, todos, no paraban de reírse.
—Ay...hermani...to, tú...deberías...Ser...santo —Andy hablaba entre risas.
— ¿Por qué? —Preguntó aún confundido.
—Benjamin eres tan inocente que no comprendes las referencias de doble sentido —Daniel habló más calmado después de los espasmos que le causó el haberse reído demasiado.
—No entiendo a qué te refieres con...Aaaah... ¿Qué?, ¡¿En serio están hablando sobre eso?! —Ben tenía la cara demasiado roja.
—Ya...paz hermano, mejor tráenos el postre —el ojiazul sólo rodó los ojos y fue en busca del pedido.
Regresó y cada quien se sirvió una porción de tarta, el resto de la comida transcurrió amenamente, claro aún le hacían preguntas a Benjamin pero ya no las respondía porque sabía que no saldría bien parado si hablaba.
*****
— ¿Benjamin?, ya no estés enojado —Ben había subido a su habitación, los demás se encontraban en la sala platicando entre ellos.
Daniel subió también para que su chico no enojara con él.
—No estoy enojado, simplemente no me gusta que mis hermanos me hagan bromas de temas que desconozco, sé que soy muy inexperto en esto de las relaciones sentimentales pero eso no les da el derecho de molestarme con ello, yo no les digo nada acerca de sus noviazgos y sin embargo ellos a mí sí. Eso es lo que realmente me molesta —dijo frustrado.
Daniel lo abrazó por la espalda.
—No te molestes, vine aquí para pasármela bien contigo, no dejes que nada lo arruine.
Ben volteó y un cruce de miradas bastó para que Daniel se abalanzara hacia su ángel de ojos azules y robarle el aliento en un beso feroz y cargado de deseo por parte de ambos.
Choque de dientes y lenguas, el sabor de uno fundiéndose con el del otro.
Se separaron lo suficiente para tomar aire e intentarlo de nuevo.
—Me he vuelto adicto a tus labios Benjamin —Daniel habló con la voz agitada.
—Y yo de los tuyos, Daniel... ¿Qué me estás haciendo?, antes de ti yo...Sólo era un chico atormentado por mis demonios y entonces llegaste tú para mostrarme que puedo ser feliz y olvidarme de todo lo que me lastima —Ben le estaba revelando parte de sí mismo.
—Ben...Yo...Yo solo sé que desde que te conocí comencé... comencé a vivir de nuevo, una chispa de vida corrió por mis venas en el instante en que te vi, no sé cómo explicarte las sensaciones que despiertas en mí y te agradezco que me dejes entrar en tu vida así como yo te estoy dejando entrar a la mía —los ojos azules de Ben que ahora era turquesa debido a la emoción que demostraban la devoción, afecto y cariño que le profesaba a Daniel y solo a él.
—Puedo ser inexperto Daniel pero te prometo que daré lo mejor de mí para que nunca te decepciones ni te arrepientas de dejarme ser parte de tu vida.
El moreno sonrió y selló la promesa con un beso.