Leo decidió saltarse la última clase e ir directamente a la cafetería que estaba cerca de su trabajo. No tenía ganas, ni la cara para ver nuevamente a Bárbara y tampoco quería quedarse con los chicos. A pesar de que ya no se sentía triste, había cosas que daban vueltas en su mente y que, por un lado, quería aclarar, pero por otro quería omitirlas: ¿qué diablos le estaba pasando con Max? Sacudió la cabeza intentando alejar todo pensamiento terriblemente pecaminoso y se repitió una, otra y otra vez que él era heterosexual, un macho pecho peludo y lomo plateado, que no debería sentir nada más que una profunda amistad por su amigo. Nuevamente cruzó por su memoria la tarde que estuvo con Bárbara y la sombra de Max pasó fugazmente, suspiró exasperado, se tomó de un sorbo

