“¿Hablamos de fantasías?, yo quiero que tu voz sea lo primero que escuche al despertar.” Ahí estaba Max frente a Leo, desnudo como Diosito Bendito lo trajo al mundo. Acostado a su lado, observándolo fijamente. La sola visión de su pene erecto, su textura suave como la seda y el color intenso que tiene durante la excitación, le provocaban una atracción tal que era incapaz de apartar su vista de él. Claro que él también tenía uno, pero estaba otro hombre frente a él y no uno cualquiera, era Max, su amigo Max. Sentía la garganta seca, no sabía si tocarlo o echarlo, era un completo manojo de nervios y no atinaba a hacer algo más que mirarlo. Hasta que Max dio el primer paso. Rozó su pene y ahí comenzó la tortura de Leo, tanto su cerebro como sus terminaciones nervios

