El aire en el refugio seguía tenso, pero yo sabía que teníamos que irnos. El silencio estratégico era la única arma que teníamos en ese momento, y la única forma de conseguirlo era lejos de ese lugar. Salí de la sala de conferencias con Nick a mi lado, y me encontré cara a cara con la fuente de todo el caos: Zona. Se encontraba con los brazos cruzados, una mueca de superioridad en el rostro, esperando. Nick me sostuvo de la cintura, su toque una mezcla de protección y posesión. —Vamos, cariño, es hora de sacar a las plagas del lugar— murmuró lo suficientemente bajo para que solo Zona y yo escucháramos. Zona bufó, lista para empezar una discusión, pero yo no le di la oportunidad. Caminé, con Nick a mi lado, con la clara intención de ignorarla. —¡Qué descaro el de ustedes dos ignorar a su

