El miedo se había instalado en el refugio. Todos estábamos buscando a Yara, llamándola por su nombre y a su teléfono, pero ella no contestaba. La preocupación por su seguridad se mezclaba con la duda que el "hermano" había sembrado. Por más que queríamos respuestas, la persona que podía dárnoslas no estaba. Alanís, con esa perspicacia que a veces me sorprendía, tuvo una idea intrigante. —Creo que es mejor no comentarle a Yara sobre ese hombre si aparece. Hay que ver su reacción y lo que ella tiene que decir sobre su desaparición. Bueno, si es que aparece. —¡Claro que va a aparecer, no digas esas cosas! — la reprochó su madre, que no estaba al tanto de todo el drama. —Alanís tiene razón— dije, mi voz aún resonaba con la autoridad que había encontrado en la sala de conferencias. —Hay qu

