Un año y siete meses habían transcurrido en su totalidad, y aún no había logrado escapar de aquel infierno. Tal vez por cobardía y miedo, ya que indudablemente había quedado traumatizada tras el intento de Roger de arrebatarme la vida ahorcándome. Quizás por esta razón decidí inclinar la cabeza, guardar silencio y someterme a las exigencias de Angela, a las tareas que se me imponían y a las miradas lascivas que Roger aún me dirigía. Aunque él no había intentado tocarme nuevamente, cada vez que percibía que podíamos quedarnos solos en un lugar, siempre seguía a Angela; no optaba por permanecer en la misma estancia que él, a pesar de que su mirada me comunicaba todo lo que debía saber: aún me deseaba, y de no ser por su madre, sin duda me habría abusado en numerosas ocasiones. Mi cuerpo, mi

