El veneno de Zona me había calado hondo. Sus palabras maliciosas, nacidas del resentimiento y la envidia hacia mí, me habían golpeado de una manera que las acusaciones y los maltratos físicos de Roger y Ángela nunca pudieron. La traición de alguien que se suponía que me apoyaba era un dolor distinto, más profundo. Pero en lugar de dejarme consumir por la amargura, con el apoyo incondicional de Nick, tomé una decisión radical: ignorar a Zona, apartar todo el drama familiar que ella traía y canalizar mi energía hacia un propósito mayor. Mi hogar, que hasta entonces había sido mi mayor refugio, se había convertido en un campo de batalla digital. Las notificaciones de las r************* eran un constante recordatorio del odio y las mentiras que Zona había sembrado en mi contra. Parada en el

