Cruzé la calle como Dalia me había indicado, encontrándome frente a la panadería "Trini Delicias", una modesta pero muy concurrida panadería de la región. El aire, impregnado del dulce aroma de la canela, el azúcar caramelizado y el pan recién horneado, era un verdadero bálsamo para mi alma agotada. Justo como Dalia había mencionado, había un aviso pegado en uno de los cristales, escrito a mano y sujeto con cinta adhesiva: "Se busca ayudante". No entendía cómo no lo había notado antes; tal vez el hambre y la fatiga habían nublado mi vista. Entré, con el corazón latiendo. El establecimiento era pequeño pero acogedor, lleno de estanterías desbordantes de conchas, empanadas y pasteles de colores vivos. Detrás del mostrador, una mujer de rostro bondadoso y manos callosas, la señora Regina, me

