Capítulo 11. De vuelta a la calma

3828 Palabras
Voy abriendo la puerta de la habitación del motel cuando ella me llama: -        Daniel -        ¿Qué quieres ahora? -        ¿Eso es todo? -        Es todo lo que vas a tener de mí, no quiero saber nada más de ti, no quiero volver a verte, eres hermosa sí, pero tu solo quieres algo que yo no quiero, no voy a ser tu juguete, hay muchos hombres que estarán felices de satisfacerte, yo iniciare una vida con la que yo quiera, y te pido por favor que no te metas. -        Pero ni siquiera llegaste. –Dice esto mientras revisa el condón que quedó en el piso- Ven, déjame ayudarte. -        No quiero, ¡Adios! Abro la puerta y en el momento en que voy a salir ella me detiene, me hala de la chaqueta y la camiseta, mientras me dice: -        Cierra la puerta y mírame. -        No voy a voltear Mariana. -        ¿Por qué no?, pensé que te gustaba, pensé que querías algo serio conmigo. -        Mariana no juegues, sabes bien que no es lo que quieres. -        Sí, pero podemos hacer un acuerdo. Cierro un poco la puerta considerando que ella esta desnuda, pero permanezco mirando a la puerta y agacho la cabeza un poco hacia la izquierda para escucharla. -        Tú puedes tener a la que quieras, pero solo sexo, y yo también, con la misma condición, y así tú y yo cuando nos veamos será sexo, pero algo más especial, algo más cercano a lo que quieres. -        Mariana no puedo, sabes tan bien como yo que con demasiada suerte tendré otra pareja diferente de ti sin tener un compromiso serio y real,  tu por el contrario, puedes acostarte con el que quieras cuando quieras, eres hermosa y tu propuesta de solo sexo la aceptan muchos de buen grado, déjame ir y no volvamos a hablar. -        Cierra y déjame vestir. Le hago caso y cierro la puerta, entonces ella me hala de nuevo para atrás y en su mano tiene la navaja de nuevo, esta vez me la pone en el cuello y me dice apretando los dientes para sostenerme con fuerza. -        ¿Y si no quiero?¿Si quiero que me sigas diciendo lo linda que soy, si quiero que me lo sigas haciendo, si quiero que tu no tengas a nadie más sino a mi y yo en cambio pueda tener a los que yo quiera? -        Mariana por favor, contrólate, no quiero hacerte daño -        No lo harás, tranquilo, la que tiene una hoja afilada contra tu cuello soy yo, así que por favor ven de vuelta a la cama, desnúdate y termina para mi. Sus palabras son tentadoras, pero la navaja en el cuello me hace subir la ira, camino hacia atrás por el pasillo hacia la cama, ella me sigue pegada a mí, entonces en un movimiento rápido cuando disimulo que voy a quitarme de nuevo la chaqueta, le agarro la muñeca y la halo arrojándola a la cama, ella se queja al chocar contra la cama y cae de lado en la cama, luego rebota por el colchón y cae al piso, mientras le sostengo la muñeca, la presión en mi mano es tan fuerte que ella afloja su mano y le quito la navaja, entonces la ayudo a levantarse y le digo: -        Ahora soy yo el que tiene tu cuchillo en la mano, vístete y vámonos. -        No -        ¿Cómo que no? -        No, vine hasta aquí y me puse linda para ti, vine a tener sexo y apenas me penetraste empecé a sentir cosas, pero luego me dejaste iniciada, y no me voy a ir de acá sin que me des lo que vine a buscar. -        No estás en posición de negociar. -        Lo sé – Dice mientras se pone de pie – Sé que no me he portado bien contigo, pero no seas así, así soy yo, la loca soy yo, tu eres el tierno, el amable, el que está enamorado de mi. -        Ya no Mariana, tu te encargaste de acabar con ese amor. -        Entonces si hubo algo, aún tengo esperanzas. Se sienta en la cama, le suelto la mano y me mira, se acomoda mejor en la cama, sube las piernas mientras las abre y me pide que la vea, entonces comienza a masturbarse y yo la veo, veo como se toca su clítoris, se masajea los senos al tiempo con la otra mano, sube la mano con la que se está masturbando y se mete los dedos a la boca, vuelve a bajarlos y sigue con su movimiento rápido, me mira con deseo, yo siento ganas de cogerla de nuevo, pero debo ser firme y mantener mi decisión, ella nota que no voy a ceder, entonces continúa y ahora comienza a meter sus dedos dentro de su v****a, y me invita a probarlos, yo la deseo, deseo hacer lo que me pide, pero me mantengo en mi lugar, me gusta lo que veo, pero no le puedo demostrar debilidad, entonces ella aumenta su ritmo, sus lágrimas comienzan a brotar por su cara, pero sus gemidos son cada vez más fuertes entonces en un momento abre su boca en un gesto de dolor, cierra y aprieta sus ojos, veo que está llegando, suspira con un hondo: -        ¡Uuff! Se deja caer en la cama y desde allí me habla: -        Gracias por verme, sería más rico si vienes conmigo, pero no te voy a rogar. -        Vístete ya Mariana. -        No, vete, yo me quedo. -        De acuerdo. -        Me quedo y llamaré a mi amigo, ese que te dio celos. -        Has lo que quieras. -        Espera, dame mi cuchillo. Doblo la navaja por la mitad para protegerme de la parte afilada y se la lanzo hasta el otro  lado del cuarto, ella me mira feo, y trata de levantarse para pasar por encima de la cama y alcanzar su arma de discusión, yo me giro y me doy media vuelta, salgo de la habitación, camino dos o tres metros cuando la puerta de la habitación se abre, ella está desnuda y desde la puerta me grita: -        Vete, no te quiero más en mi vida, no eres capaz ni de hacerme sentir, vete y no me busques más. Sigo mi andar sin mirar atrás, salgo del motel y veo mí reloj que no ha pasado ni una hora desde que nos encontramos, regreso a mi casa y no pienso más. Al día siguiente me dedico enteramente a mis estudios, nuevamente termino temprano y aprovecho a irme a la casa pronto, en la estación me cruzo con Camila y dos amigas de ella, me saludan bien, incluso Camila, luego nos subimos al bus y hay por coincidencia vemos cuatro puestos vacíos pero en dos filas diferentes unos delante de los otros, sus amigas se hacen adelante dejándonos a Camila y a mí en las dos sillas de atrás, al principio hablamos de todo un poco, ella se ve tranquila, feliz, luego de un rato de agotar los temas comunes nos quedamos en silencio, entonces mientras ella mira por la ventana me pregunta: -        ¿Pudiste aclarar tu tema? -        Si, lo hice -        ¿Y? -        Dice que no sabe por qué se comportó así -        Ósea que está loca, esa es básicamente tu conclusión. -        No he dicho eso, solo te cuento lo que me dijo. -        No me gusta que hablen mal de las mujeres. -        Nadie lo está haciendo -        Por si acaso Nuevamente el silencio entre los dos. -        ¿Y entonces? -        Entonces ¿Qué? -        ¿Son algo? -        No Camila, no somos nada. -        ¿Va a volver a ocurrir? -        ¿Qué cosa? -        Pues si me va a atacar la próxima vez que me vea contigo. Mi corazón se emociona, parece que está reconsiderando tener algo conmigo, entonces le quiero mentir, pero a último segundo me arrepiento y le digo la verdad: -        No lo sé, le hice prometer que me dejara en paz, pero no quiso hacer el juramento. -        No me digas que has jugado con un juramento sagrado. -        No, no fue así, solo le pedí que prometiera que se alejaría de mi vida. -        Y que dijo. -        No dijo nada, solo se murió de la risa. -        Deberías tener cuidado con eso. Estamos llegando a nuestra estación y nos bajamos del bus junto a las otras dos amigas, salimos de la estación sin tocar el tema, entonces cuando nos vamos a despedir porque nuestros caminos se separan, me dice: -        Es bueno saber que tienes un poco más controlada tu vida, por lo pronto sal con quien quieras, yo no estoy lista, con lo que sucedió la otra noche lo ví, perdóname. -        No tengo nada que perdonarte, pero gracias por escucharme y por creerme. -        No tengo muchas opciones ¿Verdad? -        Puedes no creerme y dejar de hablarme. -        Je je, No seas bobito, te prefiero cerca, seamos amigos por ahora, ¿Vale? Si las cosas siguen mejorando quizás volvamos a hablar de otros temas. Se acerca a mi cara y me da un beso suave en la mejilla, sus amigas nos esperan charlando entre ellas disimulando no poner atención a lo que Camila y yo estamos hablando, ella luego las mira con picardía y les dice: -        Vámonos chismosas ja ja ja. Se abrazan y caminan hacia sus casas, la veo irse en medio de sus amigas y ella ligeramente voltea la cara hacia atrás por el lado izquierdo y veo que me guiña el ojo, luego grita: -        Nos vemos mañana, ¡Descansa! Me siento más tranquilo con todo lo que ha sucedido, voy llegando a mi casa cuando recibo una llamada de Miguel quien me dice que quiere que nos veamos el viernes, quiero contarle que ya no es necesario que me esté ayudando pero me dice que hablamos el viernes que nos vemos en la panadería del señor Tapias, entonces quiero decirle que no, pero me cuelga, supongo que tendré que llamarlo más tarde, o el mismo viernes a informarle que ya no puedo ir por allá. Al llegar a la casa dejo mi uniforme del instituto en un gancho y me cambio de ropa, me pongo a estudiar de inmediato, pero me cuesta concentrarme con el recuerdo de lo que hablé con Camila, su beso en mi mejilla, el beso que me dio cuando Mariana nos atacó, me doy cuenta que es muy de ella dar esos besos tan suaves y tiernos, no son húmedos ni pegajosos, son tiernos en el tacto y pasan electricidad por todo el cuerpo, te deja pensando horas en ella, pero también recuerdo que ella me dijo que no podemos tener nada a pesar de haber aclarado las cosas con Mariana, y eso me deprime un poco, ya que de verdad confiaba en que al sacar de mi camino a la loca y violenta, tendría en bandeja de plata a la linda y tierna, pero no; igual hasta ahora Camila ha sido muy coherente con sus palabras, ella me había dicho esa noche que no estaba segura de seguir interesada en mi cuando todo se calmara, y aunque al parecer si le sigo interesando, prefiere no tener una relación conmigo. ¿Será que ocurre algo mal conmigo? Me lo pregunto porque aunque Camila fue linda y Mariana fue salvaje, ambas tienen algo en común, ninguna quiere nada conmigo, no, no debe ser eso, seguro sólo es una coincidencia, pero y si no lo es, si hay algo en mí, en mi manera de ser, de comportarme que les dice que sería una pésima pareja,   quizás si fuera como otro, no sé, quizás si me portara como Miguel las cosas serían diferentes, él tiene tres mujeres peleándose por ser la única, y yo estoy luchando por tener una. Bueno, lo otro es que Miguel siempre fue el apuesto entre los dos, a mí me tocó aprender a hablarle a las mujeres, porque mi gracia física es más bien escasa, y a pesar de todo, parece ser que tampoco he aprendido mucho, ya que de lo contrario tendría ya una novia y no estaría padeciendo por pensar todos los días en ¿Cuándo será el día en que tenga una novia?, pero no una cualquiera, una que me quiera de verdad, una a la que yo quiera y que no se porte como una completa demente. Después de varias horas de intentar estudiar me doy cuenta que no he avanzado nada, he empezado una lectura y no he pasado del primer párrafo, así que cambio a realizar la guía de matemáticas para entregar el próximo lunes y no estoy entendiendo, pero no es un tema difícil, cambiando a física me doy cuenta que el magnetismo no es mi fuerte, y ni qué decir del magnetismo s****l, es evidente que en unos momentos soy el polo negativo y las mujeres el positivo, y en otras parezco tan positivo que las repelo. Me voy a dar por vencido pero cuando me voy a la habitación, escucho que abren la puerta de la casa y veo entrar a mi mamá, hoy al parecer terminaron más temprano la venta, o eso creo por el tiempo que pienso que ha pasado, sin embargo cuando levanto la cara me doy cuenta que ha oscurecido y ni siquiera he encendido la luz, así que me levanto de la mesa, cambio de posición al interruptor y con un resplandor cegador mi mamá me saluda: -        Hola mijito, que gusto que esté hoy en la casa, hoy nos fue muy bien, pero estoy muy cansada, ¿Me ayuda entrando estos corotos? -        Si mamá, ya le ayudo. Ella entra y se sienta en la mesa, yo recojo sus bolsas con cosas, platos de cartón y demás, también la neverita en la que normalmente ella trae lo que no vendió o lleva las cosas pre-cocidas para arrancar vendiendo más rápido, cuando levanto todo, me doy cuenta que todo viene vacío, pero son bastantes cosas como para sentirse embolatado, entro las cosas y las pongo en el piso de la cocina, entonces ella me pregunta como siempre si he almorzado, le contesto que no y me responde: -        Regáleme un vaso con agua mijo, que estoy muy cansada. Tomo un vaso de la alacena y lo lleno con agua de la llave, se lo sirvo y veo que sobre la mesa hay una bolsa de pan con el logo de la panadería del señor Tapias, entonces abro bastante los ojos y le digo: -        Mamá, se me había olvidado decirle, ya no voy a esa panadería, no me acordé de contarle, pero ya no me veré más con Mariana, creo que es lo mejor para los dos. -        De acuerdo mijo, pero ¿Por qué tomó esa decisión? -        Mamá, fue más que claro que ni ella sabe lo que quiere, con lo que pasó el otro día con Camila… -        Si lo comprendo mijo, y que le dijo ella -        ¿Quién es “ella”? -        Pues mijo Mariana -        Ah, sólo dijo que no sabía porque se había comportado de la manera que lo hizo y … -Omito lo que pasó en el motel-  le hice prometer que no nos buscaríamos más. -        ¿Ella aceptó? -        No exactamente -        Mijo, debió dejar eso claro, le puede traer problemas a futuro. -        Lo sé mamá, pero ella no me daba más opción. -        ¿Terminaron bien? -        No mamá, terminamos mal, muy mal, ella está odiándome en este momento, por eso no puedo volver a esa panadería, y quizás lo mejor sea que sumercé tampoco vaya por allá. -        De acuerdo mijo, pues ya esta es la última bolsita de pan de esa panadería, tocará buscar otra. -        Si mamá, gracias. -        ¿Y qué le dijo Camila? -        Ella ya sabe que no tengo nada con Mariana -        Entonces ella va a volverlo a intentar con usted, ¿Le va a dar otra oportunidad? -        No mamá, ella dice que no está lista, pero que le agrada que haya aclarado las cosas. -        No estoy segura de que las haya aclarado, pero Camila lo sigue queriendo, dele tiempo, quizás más adelante las cosas se den, y sino, al menos tendrá una muy buena amiga. -        Mamá no diga y sino, se tiene que dar. -        No me digas que tiene y que no tiene que pasar, no eres Dios. -        Bueno si mamá, es cierto, pero es que aunque Mariana es una mamacita al lado de Camila, la forma de ser de Camila es tan dulce que me gusta más. -        Tenga cuidado con tanto dulce mijo, a veces puede ser empalagoso. -        ¡Mamá, no me eche la sal por favor! -        Ja ja, no es la sal mijo, es ser realista, hay veces en las que el amor no es correspondido, míreme a mí, y otras veces en las que aunque es correspondido, es posesivo y dominante, entonces no sirve tampoco, el amor debe ser confianza mutua, trabajo en equipo y mucha comprensión, por eso las parejas de ahora fallan tanto, todos quieren tener un juguete para sus antojos, pero lo que no saben es que si fuéramos juguetes, terminaríamos todos en la caneca de la basura cuando dejamos de ser divertidos para nuestros dueños, y entonces vienen los corazones rotos y las típicas frases de todos los hombres o todas las mujeres son iguales, y por esa razón cada día es más difícil tener una relación real, estamos concentrados en lo que tenemos en dinero o lo que me puede dar el otro, no nos enfocamos en lo que podemos ser para el otro, sino en lo que nos da, lo que nos hace felices así sea solo un ratico. La escucho atentamente sin interrumpir su discurso, entonces le pregunto: -        Tiene razón mamá, pero ¿Usted siempre ha pensado así? -        Ja ja, no mijo, esto que le cuento es algo que oí hace unos años en un programa de radio, y desde entonces lo he estado pensando, creo que tiene mucha verdad, pero lo que no sé ni dijeron es que hacer para cambiar eso. -        ¿Qué cree sumercé que debo hacer yo? -        No lo sé mijo, pero lo que yo haría si un hombre se fijara en mí, sería solo disfrutar y confiar, confiar en que todo va a salir bien, y si me rompe el corazón, por lo menos sé que di mi mejor esfuerzo en quererlo, amarlo y hacerlo feliz. -        ¿Y es que tiene a alguien?¿Tiene un arrocito en bajo? -        Ja ja ja, no mijo, que voy a tener yo a alguien, a mi edad mijo los hombres me miran para esquivarme cuando caminan, no para nada más, bueno ahora también me miran para comprarme los fritos del carrito sabrosón, ja ja ja, así le quiere poner Flor, ja ja ja. -        Pues me suena muy bien mamá, pero sin cambiarme el tema, no descarte la idea de que un día un hombre la vuelva a querer. -        ¡Ay mijo! No me de ilusiones, los hombres no me volvieron a querer después de ver la barrigota de su embarazo, y después de que usted nació, ya me hice vieja, y nadie quiere a una vieja. -        Mamá, no diga eso, no está vieja. -        Mijo, no nos digamos mentiras, ya casi cumplo los sesenta, eso me clasifica como una mujer de la tercera edad. La miro con ternura, y la abrazo, nos quedamos un rato así y luego de que la suelto me dice: -        Ya me descansé mijo, ¿Qué quiere que le prepare? -        No mamá, no se preocupe, usted ya casi entra en la tercera edad, ja ja , déjeme la consiento y cocino yo. -        Bueno, una cosa es cuando lo digo yo, y otra cuando lo dice usted, así que más bien dígame que quiere y se lo preparo. -        No mamá, deje, hoy cocino yo. -        Bueno, pero póngame mi programa de radio. Se acomoda en la mesa, le enciendo la radio y se la paso, entonces ella busca con el dial la emisora que le gusta y mientras tanto me pongo a cocinar, un arroz con carne molida que hay en la nevera, y un tomate en rodajas para equilibrar un poco la comida, al terminar le sirvo y ella come con bastante agrado, luego me dice: -        Mijo, no sé si usted va a terminar con Mariana, Camila o cualquier otra, pero la que tenga la fortuna de tenerlo como marido, se lleva la lotería con usted. -        Ja ja, Mamá, que cosas dice, la lotería es lo que tengo que ganarme para sacarla de este barrio y comprarle su casita. -        Mijo, no bote la plata en eso, esas cosas siempre juegan y nunca nadie las gana, luego salen diciendo que alguien la ganó y resulta ser un actor contratado, de verdad cree que si alguien se la ganara de tantos que “se la han ganado”– Hace con sus dedos como si fueran medias garras y las mueve insinuando las comillas-  ¿habría tanto pobre? -        Quizás no la saben administrar. – Le respondo – -        Quizás, pero también piense en la cantidad de personas que a cada rato compran eso y no ganan, lo que hacen es enriquecer a los ricos, y eso es pecado mijo. -        ¿Será? Inclina su cabeza y sube las cejas y los hombros como diciendo: quién sabe. Luego de comer y seguir charlando de muchas cosas más, recojo mis cosas que había dejado en una silla cuando serví la comida, pero que quedaron desordenadas y las ordeno para dejar lista la maleta para el día siguiente, mi madre se levanta y se va a la habitación, escucho que entra al baño y me pregunto si tendrán algo de verdad las palabras de mi madre, tanto en su cuento de la lotería, como en su cuento del amor, y que pasaría si ella encontrara un nuevo hombre en su vida, cuando siento que mi mamá sale del baño le pregunto si puedo entrar y ella me confirma que si, entonces entro en la habitación, ella se gira para el otro lado y abre la biblia mientras lee a la luz de la lámpara de noche, yo me cambio de ropa y me cepillo los dientes, cuando salgo del baño mi mamá ha apagado su lámpara y se ha acostado bien a dormir: -        ¡Hasta mañana mijo!. -        ¡Hasta mañana Mamá!. Apago la luz del baño, cierro la puerta, y me meto dentro de las cobijas de mi cama que queda al lado de la puerta del baño y cierro los ojos, de inmediato caigo en un sueño profundo.
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