Capítulo cincuenta y ocho No me queda de otra. Tengo que decirles o sino todo esto se irá al trasto y si algo malo llegase a ocurrir toda la responsabilidad caería sobre mí por no decir las cosas a tiempo. Ah, diosa, dame fuerzas para lo que estoy por soltar. Trago grueso girandome lentamente hacia Kirian quien tiene una cara de confusión total con todo lo que acaba de escuchar y con lo que sigue viviendo y yo solo puedo atinar a decir tres palabras. —Es mi mate... —digo finalmente quitándome una enorme carga de encima y esta se queda de piedra en su sitio como si no pudiese creer lo que está escuchando. —Repite eso de nuevo, Sofí —pestañea varias veces y por la puerta aparecen Fer y Neick junto a los padres de Regina quien rápidamente la toman y agilizan su movimiento hacia el docto

