Capítulo sesenta y nueve Los ojos de Junior no dejan de observar los míos como si estuviese cuestionando por qué estoy aquí y por qué le he mentido a todo el mundo. Diosa, ya me ha quedado más que claro que me creaste con poca suerte, pero ¿en serio había la necesidad de que esto sucediera? ¿Ahora como se supone que le voy a explicar que es lo que hago aquí? Y además en el cuarto en donde yace él, porque estoy segura que sintió el olor de Maikel. La presencia de las chicas saliendo del elevador y viniendo en nuestra dirección con las pisadas de sus tacones resonando por el lugar solo hacen que él desvíe el rostro ante estas y aprovecho su distracción para salir de la habitación mientras cierro la puerta detrás de mí y que no se percate del estado en el que está Maikel en estos momento

