Capítulo doce Observo atónita como Maikel se retuerce de un lado a otro cambiando su cuerpo al de un imponente lobo grisáceo con tonos dorados y mi primera reacción es esconder el evidente olor que emana de mí para él. Me niego, simplemente me niego a tener que soportar al moco sin patas para toda una vida. No quiero. ¿Qué es lo que me puede aportar un niñato como él? Siendo honesta no me puede aportar nada de lo que quiero y lo único que va a causar en mi vida, tan organizada, es un caos mental del cual luego no podré resolver y, justo en estos momentos, no estamos para esas cosas. Yo quería a alguien experimentado, no a alguien que venga a dejar mi vida patas para arriba... Observo las gotas de lluvia caer desde las nubes y junto las cejas molesta —¿En serio tenías que cast

