Hacía tiempo que me había dado cuenta de que se trataba de dinero de protección. Y esto no era una pandilla tratando de hacer algo de dinero extra. Estos hombres eran mortalmente serios. —Depende de ti, Iazzeta. Si no puedes pagar, no es nuestra culpa— le espetó el hombre de la chaqueta de cuero a Cameron— pero te daremos un aplazamiento y nos conformaremos con los depósitos por ahora Ni a Cameron ni a mí se nos había escapado que había hablado en plural. —Si tan solo tocas a mi hermana— El líder se volvió hacia él. —¿Entonces qué?— Le lanzó una mirada desafiante, pero esta vez Cameron lo miró a los ojos. —Entonces desearás no haber estado nunca cerca de ella— siseó. El hombre se rió. —No hables demasiado o te arrepentirás. Eres solo una larva a los pies del gobernante y él puede apl

