Camine el corto trayecto que me separaba de mi apartamento mientras rebuscaba en mi cartera las llaves, que parecían haber desaparecido dentro de ella. Entonces lo sentí antes de verlo. Desde que nos conocimos fue así. Era una conexión inexplicable, pero siempre podía percibir su presencia si estaba cerca mío. Levanté mis ojos para encontrar a Xander apoyado sobre uno de los árboles frente a la entrada al edificio. Su semblante serio, sus ojos verdes inescrutables se hallaban mirándome. Me sonroje como una niña que la encuentran haciendo algo malo, pero no me quede estupefacta, más bien aceleré mi paso para llegar a su encuentro.
- ¿Qué haces aquí? - pregunté y mi voz sonó más áspera de lo que hubiese querido. Pero era muy tarde para arrepentirse de algo. El ceño fruncido de Xander y su mirada dura, me dejaron helada.
- Quizás si no fueras distraída, te hubieses percatado que la llave de tu apartamento se cayó en la oficina- Su voz contenía un ligero tono de reproche ante mi descuido y al mismo también era gélido, tanto como para entristecerme- ¿Que hubieses hecho si no te la traía? - inquirió ahora ya más calmado
- Hubiese llamado a un cerrajero- repuse después de un momento.
- ¿Así? ¿Meterías a tu casa a un extraño? No sabes que no tienes que confiar en las personas que realmente no conoces- ¿Tanto había cambiado? me pregunte. Antes, o al menos conmigo, siempre había sido abierto y despreocupado; no como su padre que, por el contrario, a Xander, pensaba que yo tenía la intención de engatusarlo solo con el fin de obtener una posición social acomodada y, claro, su dinero. Quizás la desconfianza se acentuaba más al tener una riqueza exorbitante, y tal vez porque esta estaba ya incorporada en su genética, pensé con amargura al recordar que la cabeza de su familia pensaba de forma tan negativa sobre la gente y más sobre mí, aunque jamás le había dado motivos para tratarme despectivamente o para que no confié en mí.
- No puedo desconfiar del mundo entero como tu Xander. El encargado del edificio se va a las cinco treinta todos los días por lo que no podría pedirle una copia. Lamento no haberme percatado de que la llave se me ha caído- replique intentando sonar tan fría como él, pero, por supuesto, ni siquiera lo había inmutado. Me acerque a él para tomar la llave, agradecerle e ingresar al apartamento cerrando tras mi la puerta, pero Xander podía leer cada uno de mis pensamientos y fue mucho más rápido que yo.
Tomando de mi brazo extendido, que vanamente intentó agarrar la llave que tenía colgada en su mano, tiró de mí y me abrazo. ¿Por qué tenía que ser así conmigo? ¿Cómo impedir que quisiera sentirlo en lo más profundo de mi ser si me abrazaba de esa manera? Me removí entre sus brazos, queriendo soltarme no quizás de él, pero sí de mis sentimientos, pero Xander me sostuvo más fuerte hasta que finalmente me quede quieta, sintiendo como mi corazón se aceleraba, como siempre, ante el hombre que he amado desde los dieciséis años y nunca olvidé por completo.
Levante mis brazos y me aferre a su espalda. ¿Por qué tenía que ser tan débil a él? Era capaz de desarmarme con pocos gestos y de desnudarme con una mirada, pero ¿Y yo, ¿qué? ¿Qué es lo que le provocaba? ¿Estaría solo aquí y en este lugar con el único fin de que le diga porque lo dejé? Me separé de Xander lentamente, queriendo disfrutar lo más posible de ese contacto, que quizás fuese el ultimo.
- Podrías haberme llamado y hubiese vuelto a por las llaves. No hacía falta que vinieses- Así tenía que ser, entre nosotros no podía existir más abrazos, ni nada. Solo una relación laboral, quizás la más difícil de toda mi vida.
- Así que es verdad que te estás viendo con alguien- dijo fríamente cambiando el drásticamente la conversación, dejándome perpleja y alejándose aún más de mí.
- ¿Disculpa? No te entiendo- mi mente se había quedado en blanco y helada, ya no sentir su calor, resultaba doloroso. Tenía que poder detener estos sentimientos que crecían dentro mío una vez más, antes que se tornasen en algo incontrolable.
- Te vi llegar con alguien y tardaste en bajar de su auto- Su voz era áspera y llena de ira- Estoy aquí viéndolos hace diez minutos. - masculló y en su voz se filtraba la ira.
- No sé qué debe importarte a ti Xander, nosotros no tenemos nada más que una relación de trabajo, lo que haga o deje de hacer con mi vida privada no es algo en lo que puedas inmiscuirte- repliqué. Parecía que finalmente creía que tenía una relación y aunque no fuese así, estaba segura que eso lo alejaría.
- Es de mi incumbencia, porque tú eres mi mujer. - dijo y mi mundo se detuvo en ese instante.
Si pensaba haber visto enojado alguna vez a Xander, nada se comparaba con esta ocasión. confundido, volvió a abrazarme y sus ojos se encontraron con los míos. Allí se arremolinaban sus sentimientos. Relampagueaba ira, que a duras penas podía contener, y algo más que no podía definir. Pero no le tenía miedo, lo conocía o al menos eso pensaba. Cuando unas de sus manos levantaron mi rostro y él se agazapo un poco, supe cuáles eran sus intenciones, pero ya era tarde.
Su boca poseyó la mía, impulsivamente y quise escaparme, pero mis pies parecían haberse clavado en el suelo. La ira que vi en sus ojos se extinguió rápidamente y sus labios juguetearon con los míos, mordiéndomelos, lamiéndolos, intentando así vencer mi última barrera. Mi cuerpo reacciono a sus demandas, actuando por sí mismo. mis labios se separaron permitiéndole acceder y cuando su lengua recorrió mi interior no pude evitar que se me escapara un gemido. Nuestras lenguas entrelazadas y los besos que nos dábamos, eran como una danza aprendida hace siglos; pero al mismo tiempo no eran iguales a los besos que recordaba. No, estos eran posesivos, hambrientos y lujuriosos. Habia soñado tantas veces con sus besos y finalmente se hicieron realidad.
Xander bajo sus manos situándolas en mi cintura para que así, nuestros cuerpos se juntaran aún más. Pude sentir su erección en mi estómago, pujando para liberarse de la prisión de sus ropas y sentí un estremecimiento en toda mi piel. mis pezones duros, sin siquiera haber sido tocados, bajo el encaje de mi sostén me dolían, ansiando que él me los liberara.
- ¿Puedes notar lo que me haces con solo besarte? - susurro mientras mordisqueaba el lóbulo de mi oreja- Solo dime porque me dejaste y podremos volver a empezar. Quiero empezar de nuevo contigo- sus palabras fueron como un chapuzón en aguas congeladas. Las amaba y significaba tanto para mí, pero no podría decirle la verdad.
De puntillas de pie le deposité un casto beso en los labios y me separé de él. Sabía que estaba confundido, que querría explicaciones, pero no era yo quien debía de dárselas. Lo miré con tristeza, como aquella última vez que lo vi. Mi corazón también ardía ante la decisión, aquella vez de decirle adiós, esta vez de no revelar la verdad, pero nada podría hacer más que recoger los pedazos de nuestro amor y guardarlos por siempre.
- No hay ninguna explicación Xander. No habrá más besos ni más abrazos, no quiero esto ni para ti ni para mí. Entiende que lo hecho en el pasado no se puede modificar, y si nuestra relación no prospero, es porque así lo ha querido el destino.
- No puedes ser tan hipócrita- dijo incrédulo- Tú me correspondes, acabas de hacerlo y no me hables del destino y lo que no fue. Tu ocultas algo y te aseguro que lo sabré. - su voz vibraba de determinación, y entendí que por más que yo no quisiera, tarde o temprano, la verdad saldría a la luz.
- No voy a trabajar para ti Xander, no puedo hacerlo. – susurre.
- Dime el porqué. ¿Acaso tú no has dicho solo hace unos instantes que lo nuestro estaba en el pasado? ¿Es que acaso quieres contradecirte a ti misma? ¿O es que eres incompetente? - allí estaba el Xander que nada dejaba al azar, el que pensaba cada movimiento con antelación.